Posteado por: gorkairiondo | enero 27, 2009

El mapa del tesoro

Prefiero hacer preguntas que contestarlas. ¿Por qué? Porque hay muchas preguntas inteligentes, pero pocas respuestas lo son. Al contrario que en este caso, ¿no?

Pero como un artículo de blog no puede ser sólo una sucesión de preguntas (¿Por qué no?), al menos uno bueno, voy a sumergirme en una obsesión que lleva rondando mi cabeza algunos días, golpeando cada neurona como si fuera la cuadriga de Messala contra la de Ben-Hur, y dejándome aún más tarado si cabe…

 

¿Por qué somos tan condenadamente contradictorios?

¿Por qué hacemos daño a quienes más queremos?

¿Por qué nuestro orgullo (o nuestra soberbia) nos empuja a esconder nuestros verdaderos sentimientos, con la única intención de rasgar los del otro?

¿Por qué somos tan propensos a llorar a solas y a quejarnos en público?

¿Por qué leches es más correcto ser inexpresivo, por qué parece más de fiar alguien que nunca muestra sus sentimientos, de verdad es más juicioso y maduro?

 

No pienso polemizar acerca de las respuestas. Y menos, si vives o naciste en el Bronx…

O en la Calle Serrano de Madrid…

No, es broma. Adoro debatir, lo que realmente odio es que las discusiones entren en el ámbito personal. A nadie le gusta sentirse juzgado. Y si la tormenta se te cuela bajo la ropa, si le das el tiempo suficiente, ten por seguro que acabarás enfermando.

Hay muchas formas de reaccionar después de una discusión o de un suceso que nos haya ofendido. Y no hablo de broncas entre desconocidos, o entre conocidos de quita y pon. Me refiero a esas riñas entre gente que supuestamente se quiere. Parejas, familia, amigos, amantes…

¿Cómo reaccionan? ¿Cómo reaccionamos?

Ahí va mi pequeña teoría, léela si no tienes otra cosa más importante que hacer, o baja la basura, guarrete, que ya huele…

 

1-      Unos, incontrolados e incontrolables, aumentan progresivamente las provocaciones hasta que todo salta por los aires. No es aconsejable toparse con esta gente cuando además, han empinado el codo más de lo recomendado por un buen camarero…

Son rencorosos, kamikazes, obstinados y el odio les ciega. No soportan las afrentas. No saben parar, ven el objetivo y no se detienen hasta destruirlo. Pueden ir de guerra en guerra hasta la derrota final…

La sinceridad se vuelve un arma arrojadiza y deja de ser virtud, para convertirse en un vicio indecente que nunca vestirá el elegante traje firmado por el maestro italiano Educazione…

 

2-      Otros, después del lógico acaloramiento, se encierran a meditar entre cuatro paredes, y cuando se les aclaran las ideas, con todas las cartas en la mano, buscan desesperados una nueva conversación. Dependiendo de la humildad del sujeto, para aprovecharse de su jugada, para vengarse, estilo Henry Gondorf en El Golpe, o para pedir disculpas sinceras y que les dejen explicarse. Y ahí, no sé por qué, veo más a un James Stewart, que cualquier otro papel de Paul Newman…

Newman siempre se guardaba un as en la manga, era una leyenda, era el indomable…

Sin duda, estaremos todos de acuerdo, esta opción, la del más respetuoso, a pesar de ser evidentemente, la más madura y generosa, no es la más común en la vida real. Hay que ser un santo para practicarla siempre. Porque si nuestro “contrario” no está a la altura, se te queda una cara de tonto…

Y el orgullo quema. Achicharra…

¿Y cuánto hace que no hay un Santo pisando esta tierra de pecadores?

¿Somos capaces de perdonar y olvidar? ¿El perdón sin olvido es perdón?

¿Por qué cada uno cree tener más derecho a ser perdonado que los demás, habiendo cometido el mismo “crimen”, pues siempre creeemos tener mejores excusas, y sin embargo, es tan difícil pedir perdón?

 

3-      Una gran mayoría, aficionados al teatro que nunca han visto abrirse el telón, prefieren hacer las paces lo antes posible, sin atar todos los cabos a poder ser, un rápido apretón de manos o un abrazo, acariciando con el colmillo la vena del cuello del discrepante. De este modo, oliendo aún la sangre fresca, activan el plan B, que es realmente su objetivo final. Ante todo, las apariencias, eso es esencial, que nadie diga…

Pero a continuación, se refugian con sus amigos en apestosos y sombríos pozos para despellejar a su presa. Ellos, son nadie. El criticón nace, se hace y se reproduce…

 

4-      Sin embargo, dentro de las maquiavélicas relaciones humanas, pienso que la más cruel, la más despiadada, la más violenta de las reacciones, es el silencio. El olvido aparente. ¡Zas! Aquí se acaba todo. Es la madre de todas las venganzas.

¿Qué significa ese silencio? ¿Ya no siente la necesidad de llevarse bien con el otro? ¿Se acabó el afecto de repente? ¿Los lazos eran tan finos? ¿Por qué no siente la necesidad de explicarse, ni de insultar? ¿Es un arma defensiva o un verdadero olvido? ¿Qué motiva dicha reacción? Entonces, ¿El pasado es una gran una mentira? ¿No pensáis que esta postura es el mayor indicio de inmadurez? ¿Por qué no se atreve, quien actúa así, a afrontar la realidad? ¿Miedo? ¿Rencor? ¿Cobardía? ¿Desidia? ¿Orgullo? ¿Soberbia? ¿Falta de interés? ¿Nuevos horizontes?

Siempre me ha intrigado esta actitud. Son personas frías, desde luego. Capaces de autocontrolarse mejor que los monjes tibetanos de Lhassa. Si nosotros manejamos el 10% de nuestro cerebro, ellos lo harán el 25. O lo aparentan muy bien…

¿O son despistados? ¿O duermen tan bien, porque su conciencia es muy poco censuradora? ¿Son personas de corazones renovables? Qué suerte, ¿no?

 

Supongo que a veces es más fácil perdonar a alguien que no te importa que a un amigo, a un familiar, a una pareja, o a un amante. Pasas página y capítulo cerrado, no vuelves a verlo. Sin embargo, tenemos memoria, ese eterno martillo pilón, que golpea más fuerte cuando tenemos enfrente a ese ser “querido”…

¿Y tener memoria tiene que ser algo malo? ¿Somos masoquistas y queremos acabar con un agujero en la cabeza? 

¡No!

Me niego. El odio es un lastre, no se puede estar toda la vida cabreado. Se puede superar. De cada discusión así, hay que sacar una lección. Si somos listos, nos hacen mejores, más fuertes, más sabios. No es agradable, por supuesto, pero no hay que negativizarlo todo, busquemos pepitas de oro hasta en el desierto…

¿Que es imposible? ¿Que en el desierto no hay más que arena?

Ay…

Bueno, quizás sea oro negro, pero os aseguro que vale la pena…

¡Te hará rico!

 


Responses

  1. You without doubt have a style all your own when it comes to creating these nice blog posts.


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