Posteado por: gorkairiondo | junio 24, 2008

SALPICADURAS DE MADRUGADA



CAPÍTULO 1

No me gusta conducir de noche. Pero el domingo pasado no pude negarme, mi cuñado me llamó por teléfono a las 3 de la madrugada. Me despertó justo cuando Scarlett Johansson iba a invitarme a subir a su casa. Mi hermana estaba de parto. Y el gilipollas de él, no podría ir al hospital hasta el miércoles, estaba de viaje de negocios en China, en Shangai, a punto de cerrar un contrato trascendental para su empresa. Un capullo. Me vestí sin perder tiempo, cogí las llaves de mi viejo Golf negro y salí a la calle. Hacía frío, así que encendí fuego. Un cigarrillo. Las farolas alumbraban el vacío silencioso, no me gusta nada conducir así. Soy un tipo social, necesito ruido para pensar y amigos para beber alcohol.
¿Se había parado el mundo?
Mis vecinas dormían sus desgracias y sólo se escuchaban mis pisadas. Pero la ocasión merecía la pena, tenía que ser valiente por una vez en mi vida, iba a ser tío. Mi hermana me necesita, cuando todo acabe, después del nacimiento, necesitará que alguien la cuide, un pariente cercano, no una suegra. Cerré los ojos un instante, apreté los puños, suspiré, me cargué de energía aspirando un poco de nicotina y abrí la puerta para subir al coche. Suena ridículo, pero lo necesitaba.
Arranqué. Después de todo, sólo era una hora y media de viaje.
¿El bebé ya estará berreando cuando llegue?
Si su padre es su padre, puede que nazca por poderes…
Esbocé una sonrisa. Mi primer sobrino…
Espero que se parezca a su madre. Tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de ser un zopenco. La botella medio vacía, lo sé. En fin, la suerte ya está echada, no hay nada que hacer, tendré que darle la paga al mocoso cada domingo, sea como sea…
Cuando me incorporé a la autopista, casi me meto en dirección contraria. Las musarañas. Pero reaccioné a tiempo. Tengo reflejos de jugador de ping-pong profesional. Siempre voy por la autopista a Santander. Y de noche, no se me pasaría por la cabeza otra opción. No soy un gran conductor. Metí un CD de música que me había bajado con el Emule. Sonó Rosario Flores, “Algo contigo”…
¡Necesito canciones más animadas, joder! ¡No quiero dormirme! ¡No me apetece nada morir esta noche! Hoy no…
Siguiente, siguiente, siguiente, ahora…
Sí, un poco de Estopa. Bien. Esto marcha. Aceleré hasta los 100 kilómetros por hora.
¿Será rubio? ¿Llegará a ser alguien o acabará siendo un fracasado como yo? ¿Votará al PP como su padre? ¿Meterá el gol del triunfo en la final de un Mundial vistiendo la camiseta roja de España? ¿Cuántas veces se divorciará?
Ni un coche, ni un alma, ni una luz en sentido contrario y tampoco siguiéndome. Al menos no llueve…
¿Habrá roto aguas? Hoy en día los partos no son tan dolorosos, seguro que le dan una pastillita y a los dos minutos ya puede coger a su hijo en brazos. Sonriendo y con los ojos vidriosos. Conozco a mi hermana, es una sentimental, demasiado, ahí está su debilidad. La mía es el optimismo…
Los kilómetros pasaban al tiempo que mi mente se quedaba en blanco. Concentrado en la carretera. Sentía que el aburrimiento arrancaba mi alma para poseer mi cuerpo, así que puse la radio después del segundo bostezo. El último recurso de un somnoliento que no puede echar una cabezadita, es escuchar un programa nocturno, no es agradable ponerse a pensar. Hay gente tan reservada que prefiere contar sus intimidades a miles de personas antes que a un amigo. Tienen problemas tan inverosímiles, que ni siquiera podrían ser argumentos de telenovela. Las amas de casa son muy exigentes. Pero a veces, te atrapan. Sí, lo confieso. Reconozco que un par de historias de las 3 ó 4 que escuché, me conmovieron. Bueno, me perturbaron. Estaba sensible, iba a nacer mi sobrino. Una chica gallega estaba liada con su padrastro. El caso es que grabaron en video una de sus clandestinas relaciones sexuales. Pero el azar y la rutina les jugaron una mala pasada. Se olvidaron de sacar la cinta del video. El abuelo, por casualidad, cogió el mando a distancia equivocado y apretó el botón más inapropiado…
Prefiero no contar cómo acabó todo. O sí, qué leches. El amante que hacía horas extras, cambió de dirección postal y ahora duerme más profundamente. Irónicamente, ha cumplido su sueño. Madre e hija conocen el secreto y a pesar de todo le quieren. Y le llevan flores cada sábado antes de ir a tomar un café…
Nunca encontraron al asesino. Un crimen perfecto. El adorable abuelito ahora vive en Benidorm, necesitaba cambiar de aires. Los huesos…
Vaya, un coche que quiere adelantarme. Le dejaré pasar. Otro que tiene un cuñado cabrón. Seguro.
¿Qué iba a hacer en la carretera a estas horas si no?
Después llamó un tipo muy curioso, y al acabar la historia, volví a meter el CD.
¿Por qué habré grabado esta canción, si no me gusta?
Vale, sí, hace unos años la cantaba con los amigos, pero ahora la odio. Hay canciones para escuchar y canciones para cantar.
¡Fuera!
Siguiente, a ver, no, siguiente, siguiente, ésta. Bryan Adams. Vamos a disfrutar de la nostalgia…
Como iba contando, había entrado en antena un loco zoofílico. Se liberaba con su cerdita Leandra. Y lloraba porque su padre iba a matarla. Al cochino. Cochina. Estaba enamorado, el pobre, y llamaba asesino a su progenitor entre sollozos. Se puso histérico, no había solución, decía, “mi padre es muy conservador y nunca lo entendería”…
Ya había escuchado suficiente basura. Como buen hombre, decidí no pensar en nada. Y lo conseguí. Había tramos iluminados por farolas de luces anaranjadas y otros completamente oscuros. Solitarios y poco recomendables para una jovencita de buen ver. Entonces, ponía las luces largas, me concentraba en las rayas blancas que engullía mi coche, olvidándome de cuanto me rodeaba, y empezaba a especular, ¿Será abogado o un hombre honesto? ¿Tendrá éxito con las mujeres o con los hombres? ¿Será travieso o aburrido? ¿Le gustará leer o será aburrido?
Estaba siendo un viaje muy agradable, el humo del segundo cigarrillo, me daba vida. Había dejado atrás Castro Urdiales, podía decirse que ya había pasado el ecuador…
Otro coche a lo lejos. Luces cortas, macho. Miré por el retrovisor. Negrura total. Odio conducir de noche.
¡Quiero llegar! ¿Ya habrá nacido?
¡Cabrón, las luces!
Algunos conductores son unos maleducados. Les da igual deslumbrarte. Van a lo suyo.
¿Dónde están los policías cuando se les necesita?
Apagué el cigarrillo en el cenicero, ya es suficiente, que soy deportista, juego al golf. Y tengo que empezar a dar buen ejemplo…
Agarré el volante con las dos manos y relajé mi cuello sin perder de vista la carretera…
Así sucedió. De pronto, sentí un fuerte golpe en el costado izquierdo del morro del Golf, ¡PUM! seguido de un ruido seco, pero no perdí la trazada, conseguí enderezar el coche. Fue un segundo. Menos. Un susto que casi me provoca un infarto. Mis ojos se abrieron como si fuera Malcolm McDowell en la Naranja Mecánica. No había visto nada extraño, ninguna luz, ningún chaleco reflectante, y sin embargo…
¿Qué había sido eso?¿Un perro? ¿Me habría dormido y era parte de una pesadilla?
No. Estaba sobrecogido. Y preocupado. Decidí frenar y aparcar a un lado de la autopista, pero para entonces ya había recorrido casi 600 metros. Estacioné en el arcén. Luces de emergencia y freno de mano. El corazón latía a mil pulsaciones por minuto. Me puse mi chaleco amarillo fluorescente y salí. Estaba todo muy oscuro. Tenebroso, incluso. Y por supuesto, yo no tenía linterna en el coche. Para qué. El silencio era total, y el frío me empujó a meter las manos en los bolsillos. Pegué un grito mientras me alejaba del coche.
-¿Hay alguien?
No hubo respuesta. Seguí caminando indeciso un poco más.
-Hola. ¿Puedo ayudar?
Lo mismo. Ninguna contestación, ningún sonido. Afiné el oído. Nada. Saqué el móvil del bolsillo e intenté iluminar la carretera como pude…
Muy limpia, casi reluciente…
Retrocedí sobre mis pasos, quería ver la chapa del coche. A esa velocidad, un choque con un animal corpulento, causaría un buen destrozo…
Pero nada, no vi nada raro.
¿Qué hago? ¿Qué ha pasado?
Tengo prisa, nadie me ha visto, ha sido un accidente y obviamente, no ha sido culpa mía. Además, es de noche, es peligroso salir a la calzada para cerciorarme.
¿Qué hago?
Ya no puedo hacer más…
Sí. Llamar al 112. Emergencia. Un accidente en el kilómetro tal. Aquí espero…
Eso debería haber hecho…


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: