Posteado por: gorkairiondo | junio 4, 2008

MI COLUMNA: Un conductor borracho mata a un ciclista y lesiona a otros nueve en México.

Espeluznante. Lo vi en la televisión y me quedé con la boca abierta. De piedra. Como la estatua ecuestre al condottiero Gattamelata. Así que ayer, nada más llegar a casa, me puse a buscar esta imagen en Internet. Te pone los pelos de punta, secuestra tu atención, una fotografía que seguramente, acabará olvidada en algún rincón de los horrores, como tantas otras que podrían servir para concienciar a los borrachos del volante, esos que cada día ponen en riesgo a personas inocentes que esperan poder abrazar su almohada otra noche más. O si acaso, con suerte, se convertirá en una anécdota curiosa, casi frívola, en conversaciones de barra…
¿Te acuerdas de la foto en la que…?
¡Pues no! ¡Me niego! ¡Es muy grave!
Murió un ciclista y otros nueve resultaron heridos. Un cadáver, es un cadáver de más, algo inaceptable. No debería morir nadie por culpa del alcohol. Perdón, por culpa de las sabandijas que no tienen educación y se suben a un coche sin estar en condiciones. Debería haber manifestaciones multitudinarias de ciudadanos que mostraran su repulsa hacia estos individuos irresponsables. Protestas ante los gobiernos, ante los ayuntamientos. No debemos permitir que existan puntos negros y que nadie se preocupe por corregirlos durantes años. Estamos ante una lacra y parece que no nos damos cuenta. Debe haber un rechazo social que sea público. Yo, humilde ciudadano sin nombre, pienso que sería un gesto más efectivo que agravar las condenas ya existentes. Sí, el carné por puntos está bien, las multas económicas también, pero falta el otro vértice del triángulo. Rechazo social. Mientras se les siga riendo las gracias en su entorno, mientras sigamos pensando que estas cosas sólo les pasa a los demás, mientras no sientan miradas acusatorias, mientras puedan ir a comprar el pan y el periódico sin avergonzarse y contar sus hazañas con aires chulescos, todo seguirá igual. Continuarán siendo los “listos” de la película.
Cada año, cada mes, qué digo, cada fin de semana, hay casos parecidos, con resultados iguales. Deberíamos concienciarnos, nuestra civilización tiene una cicatriz que supura. Y hay que curarla, ya.
El energúmeno cuya cara tenéis aquí abajo, los arrolló en el kilómetro 12 de su excursión. Este domingo pasado, alrededor de las 8:50, hora local. En Matamoros, en la frontera noreste de México con Estados Unidos. Sólo estaban paseando en bicicleta para demostrar a los más jóvenes que es posible divertirse sin caer en tentaciones que preocupan a sus padres. Y no soy un talibán anti-alcohol, por favor, ni mucho menos, pero como decía Stevie Wonder…
“Si bebes, no conduzcas”. Es un lema simple, que podría aprender hasta un malandrín, pero que por lo visto, parece difícil de comprender…
El “3er. Tour Matamoros” no era una competición, era una prueba familiar, una carrera cicloturista, pedaleaban tranquilamente, entre risas, imaginando las agujetas del día siguiente, hasta Playa Bagdad, en las costas del Golfo de México. Un paseo de tantos, uno más de los cientos que cada domingo se celebran en las ciudades mexicanas…
Sin embargo, a pesar de ser una celebración de aficionados, era algo serio, iban protegidos por 4 patrullas de la Federal Preventiva división Caminos, 6 patrullas de Tránsito Local, 4 motociclistas de la misma corporación, ambulancia de Protección Civil, un club de motociclistas que auxiliaban y los integrantes de un club de “banda civil”. Supongo que la organización sería mejorable, pero a simple vista, parece suficiente.


El conductor del Grand Marquis café oscuro, de cuatro puertas, matrícula 659KF de Texas, que fue fichado como Jesse Campos, de 32 años, embistió su vehículo contra el grupo de ciclistas del club “Camaleones”. Diez de ellos se habían adelantado un poco. Terrible delito…
El tipejo reside en Brownsville. Aunque espero que no pueda pisar sus calles en muchos años. Iba acompañado de una mujer, que iba dormida, y claro, había bebido tanto, que a él también le entraron ganas de echar una cabezadita. Sólo fue un segundo…
¿Sólo?
El ciclista Alejandro Álvarez, de 30 años, murió en el lugar del incidente y los otros nueve que resultaron heridos, fueron ingresados.
Observando esta fotografía una vez más, la última, sólo me queda clara una cosa entre tanto barullo. La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse…


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