Posteado por: gorkairiondo | mayo 14, 2008

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XXI

“Un niño llora a su padre tras un terremoto” – Eric Grigorian/Polaris Images.

El 22 de Junio del año 2002 la tierra tiritó. Y el temblor emergió en el noroeste de Irán.
6 grados Richter. Un movimiento sísmico traicionero, que seguramente, dada la tecnología que poseen actualmente los países ricos, pudo haberse evitado. Como tantas otras catástrofes. Esta vez, lo padecieron 52 pueblos de una zona montañosa, entre las ciudades de Qazvin y Hamadan. Unas 70 aldeas fueron destruidas o seriamente dañadas, y al menos, 25 mil personas perdieron su hogar a causa del sismo. Es fácil de explicar, la mayoría de las casas en Irán están construidas con ladrillos de barro y por supuesto, no están preparadas para soportar terremotos.
En un principio se dijo que podía haber 500 fallecidos, pero según la Media Luna Roja (la Cruz Roja iraní), la sacudida causó la muerte a 230 personas. Víctimas a las que hay que añadir los 2.000 heridos. Uno de los terremotos más graves de la última década.

Las autoridades tardaron en reaccionar. No enviaban equipos de ayuda, ni medicamentos, ni alimentos…
Así que cuando se presentó un ministro iraní para salir en la foto, en visita guiada, los supervivientes del siniestro arrojaron piedras contra el vehículo que le transportaba.

Eric Gregorian, un periodista armenio-americano, con residencia en Los Ángeles, se acercó a la provincia de Qazvin al día siguiente. La agencia Polaris Images necesitaba fotos de la tragedia. Se encontró un paisaje desolador. La desventura se ceba con los pobres. Los soldados y los voluntarios trabajaban a destajo. No daban abasto. Cavaban tumbas y más tumbas para enterrar a las víctimas del terremoto. Una epidemia causaría estragos…
Eric caminó pausado entre tanto ajetreo. Con los ojos bien abiertos y la cámara bien apretada. De pronto, entre tantas personas que iban de un lado para otro como pollos sin cabeza, descubrió un colibrí clavado en el suelo arenoso. Tragó saliva. Apuntó con precisión y cazó a su presa.
Había retratado a un crío inconsolable que esperaba en cuclillas junto a uno de los hoyos, a que sepultaran el cuerpo de su padre. Estaba desolado. Le rodeaban numerosos extraños que no le prestaban la menor atención a pesar de su emotivo desconsuelo. Se aferraba a los pantalones de su padre muerto. Sus ojos mostraban una desesperación que pellizcaba en lo más profundo. Es una foto en blanco y negro que produce una tremenda angustia…
Una historia humana. Y por tanto, irracional…
Representa el sufrimiento íntimo, la pérdida irremplazable de un ser querido, mientras la tierra continúa girando alrededor del sol. Los demás se apenan, sufren, lo sienten de veras, pero no les impide seguir con su vida. Y tú te quedas ahí, acurrucado, sintiéndote muy pequeño, sin acabar de creerte lo que ha ocurrido y haciéndote preguntas que no tienen respuestas…
La gente te rodea, intenta acercarse aunque tú los sientes muy lejos, y de vez en cuando acarician tu cabeza en señal de cariño…
Pero nada te consuela. Sabes que tarde o temprano tendrás que soltar el pantalón y que ése será el final…

Premio Worl Press Photo 2002.


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