Posteado por: gorkairiondo | abril 26, 2008

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS X

Steve McCurry: “Cuando me encontré con la niña, reconocí la magia de su mirada, repleta de miedo”

¿Miedo a la muerte?
Uno debe temerle a la vida, no a la muerte… dijo una tarde inspirada la lúcida y genial Marlene Dietrich…

Este bellísimo rostro de magnéticos e intensos ojos verdes, de mirada limpia y desafiante, cautivó al mundo en Junio de 1985 después de aparecer en la portada de National Geographic. Steve McCurry, el autor, había viajado un año antes hasta Pakistán. A Peshawar, donde montó un pequeño estudio portátil en el campo de refugiados Nasir Bagh. Ahí tomó cientos de fotografías. Entre ellas, la de una niña de 12 años de la etnia pashtún, a la que ni siquiera pidió su nombre. Era huérfana, sus padres habían muerto durante los bombardeos de los soviéticos a Afganistán, y había tenido que huir junto a su abuela y su hermano. Lamentablemente, existen lugares donde las encrucijadas son un lujo demasiado caro. Aquella cara de tez morena, enmarcada por un sari rojo, irradiaba autenticidad. Rebosaba atractivo. Esa mirada profunda, sincera y serena traspasaba la piel de quien la veía por primera vez. Su tristeza no mostraba esperanza. Y aún así, contagiaba una resistencia decidida ante el horror de la guerra. Te bautizaba con aguas turbias. No estaba humillada ni hundida, no estaba pidiendo ayuda. No estaba ni siquiera posando para el fotógrafo…
Pero Steve la inmortalizó.
Se recibieron más de 2.000 cartas de lectores interesándose por la vida de la niña sin nombre. Sin duda fue un gran impacto. Dejaba huella…

Quizás estemos contemplando uno de los iconos de la fotografía mundial. El retrato perfecto. Un primer plano de una Gioconda que a pesar del sufrimiento, aún tiene arrestos para mirar con descaro.
A raíz del éxito obtenido por la revista, Steve McCurry comprendió que debía encontrar a la niña. Una búsqueda que duró 18 años. El fotógrafo realizó numerosos viajes a la zona hasta que, en enero de 2002, se embarcó en un nuevo proyecto, un documental para la televisión que se estrenaría en el año 2003 con un clarificador título. “Niña desaparecida: misterio resuelto”. El final de esta apasionante historia. Sí. La había encontrado. Localizó a la niña transformada en una mujer de 30 años. Se había casado con Rahmat Gul poco después de aquella fotografía y había tenido cuatro hijos, uno de los cuales murió al nacer. Se llamaban Robina, Zahida, y Alia.
¡¿Pero cuál era su nombre?!
Sharbat Gula.
Vivía en una aldea remota de Afganistán, era una mujer tradicional pashtún, por supuesto. Una más en un lugar donde una menos tampoco importa. Había regresado a su país en 1992. Nadie la había vuelto a fotografiar hasta que se reencontró con McCurry y no sabía que su cara se había hecho famosa. La identidad de la mujer fue confirmada al 99,9% mediante una tecnología de reconocimiento facial del FBI y la comparación del iris de ambas fotografías.


“En el mismo instante en el que la vi, supe que era ella. Estoy absolutamente seguro. La complejidad de emociones que expresaban sus cautivadores ojos en la primera fotografía continúa en ellos. ¿Es miedo, se trata de un trauma o de una vida atormentada? Sea lo que sea, es muy hermoso”. “Me confesó que había tenido una vida muy difícil”…
Tras lograr el permiso de su marido, Rahmat, McCurry cumplió su sueño de fotografiarla otra vez. En esta segunda fotografía tiene mi edad y parece mi abuela. Con todos los respetos. Aunque odio esta frase. Pero es una realidad.
En su mirada han fabricado un nido de odio. Es impactante comprobar lo que han hecho esos 18 años en un campo de refugiados y en un país en continua guerra, un país azotado por el régimen talibán y la campaña militar de EE UU. Nos hallamos ante un rostro duro. Curtido. Zarandeado por un viento que le dejó cicatrices en el alma, cansado de tropezar con el hambre, con la pobreza, con las guerras…

Su gesto es airado e impertinente. Y no me extraña. Sin embargo, la resignación es el verdadero burkha que se ha fundido en su otrora hermoso rostro apagando los focos de esos ojos inolvidables…
La sociedad que publica la revista creó en su honor un fondo especial de ayuda al desarrollo y creación de oportunidades educativas para las niñas y mujeres afganas.

McCurry es uno de los fotógrafos más conocidos de la Sociedad National Geographic, recientemente galardonada con un Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2006.
Especialista en fotografiar las consecuencias que producen desastres y conflictos armados tanto en la psique y en la fisonomía de sus víctimas como de los verdugos. Posee un instinto innato para captar la esencia de los sentimientos humanos. Está fascinado por el hermoso contraste cultural del continente asiático, muestra al público estos pueblos a lo largo de una larga trayectoria humana que recoge a modo de peregrinaje.

Nació en Filadelfia en 1950. Estudió y se graduó Cum Laude en la Universidad estatal de las Artes y Arquitectura de Pensilvania. Trabajó dos años en prensa antes de abandonar el mundo civilizado y convertirse en un verdadero amante de La India. “Allí aprendí a mirar y esperar en la vida. Si eres paciente, la gente acaba olvidándose de tu cámara y su alma quedará reflejada en tu instantánea” comenta McCurry.

Ha viajado por todo el mundo dando evidencia de la crudeza de los conflictos del mundo, incluida la guerra de Irán-Irak, la desintegración de Yugoslavia, Beirut, Camboya, Filipinas, la guerra del Golfo y el conflicto de Afganistán.

McCurry es considerado por numerosos críticos, el autor de la foto más reconocible de los últimos tiempos y gracias a la joven afgana su trabajo se ha visto reconocido por innumerables asociaciones en todo el mundo.

Posee numerosos premios y galardones recogidos a lo largo de su extensa carrera. Entre ellos destacan el Premio al Fotógrafo del Año en 1984 por la Asociación Nacional de Fotógrafos de Prensa, cuatro primeros premios en 1984 en el World Photo Contest, y el premio al Fotógrafo del Año en 2002 por la revista American Photo.

Puede que nos equivoquemos con esta mujer, puede que nos equivocáramos con la niña, porque aunque creemos que vemos lo que en realidad es, sólo vemos lo que aparenta…

Ay…


Responses

  1. Excelente!

    Esta fotografía ha recorrido el mundo, y su historia es apasionante, tanto dolor del pueblo palestino se ve reflejado en sus ojitos de niña, y tras años después sus ojos ya no eran de dolor, sino que estaban curtidos, y tal vez con odio…

    Es increíble cómo pudieron llegar a dar de nuevo con la niña, ya que en al foto se aprecia que usaba un Burka, el velo que le tapa todo el cuerpo, desde el ápice de la cabeza a los tobillos.

    Realmente Increíble.

    Saludos

  2. Una mirada totalmente irrepetible.

    Interesante blog!

  3. […] Dos símbolos, dos fotografías fascinantes. La primera vez fue la portada de la revista National Geographic (Steve McCurry), quien nos dio un tirón de orejas. En esta ocasión ha sido el Óscar del […]


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