COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XVIII

Brassai - Les escaliers de Montmartre 1936

“La noche sugiere, no enseña.
La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón…”
(Brassaï)

Esas escaleras de bajada de Montmartre envueltas en la niebla se escurren en la noche parisina dejando un rastro sugerente e inspirador en el devoto espectador. Ese aire romántico, y sin embargo inquietante. Al más puro estilo Rebeca de Hitchcock. Un descenso incierto. Las escaleras de Montmartre es una fotografía de una belleza perturbadora. Es tan atrayente, que te empuja a explorar cada detalle. Una imagen oscura que enciende tu lado más sombrío. Un clásico inolvidable.

BIOGRAFÍA de BRASSAI en la WIKIPEDIA.

Brassaï fue el pseudónimo de Gyula Halász (1899 - 1984), fotógrafo parisino.
Gyula Halász nació el 9 de septiembre de 1899 en Brassó, entonces parte de Hungría, hoy perteneciente a Rumania. A los tres años su familia se trasladó a París durante un año mientras su padre, profesor de literatura, enseñaba en la universidad de La Sorbona. De joven, Gyula Halász estudió pintura y escultura en la Academia de Bellas Artes de Budapest antes de alistarse en el regimiento de caballería de la armada austrohúngara hasta el final de la Primera Guerra Mundial. En 1920 Halász se estableció en Berlín donde trabajó como periodista y estudió en la Academia de Bellas Artes de Berlín-Charlottenburg.
En 1924 se trasladó a París donde vivió por el resto de su vida. Empezó a aprender francés leyendo la obra de Marcel Proust y, viviendo entre los numerosos artistas del barrio de Montparnasse, empezó a trabajar como periodista. Pronto estableció amistad con Henry Miller, Léon-Paul Fargue y el poeta Jacques Prévert.
El trabajo de Gyula Halász y su amor por la ciudad, cuyas calles recorría asiduamente de noche, le llevó a la fotografía. Más tarde escribiría que la fotografía le permitía atrapar la noche de París y la belleza de las calles y jardines, bajo la lluvia y la niebla. Usando el nombre de su lugar de nacimiento, Gyula Halász se hizo conocer con el pseudónimo de “Brassaï”, que significa “de Brassó”. Brassaï capturó la esencia de la ciudad en sus fotografías, publicando su primer libro fotográfico en 1933. Sus esfuerzos tuvieron gran éxito, siendo llamado “El ojo de París” en un ensayo por su amigo Henry Miller. Además de fotos del lado sórdido de París, también produjo escenas de la vida social de la ciudad, sus intelectuales, su ballet y grandes óperas. Fotografió a muchos de sus amigos artistas, incluidos Salvador Dalí, Pablo Picasso, Henri Matisse, Alberto Giacometti y a muchos de los prominentes escritores de la época como Jean Genet y Henri Michaux.
En 1956, su película Tant qu’il aura des bêtes ganó el premio a la película más original en el Festival de Cannes y en 1978 ganó el Gran Premio Nacional de la Fotografía de París.
Brassaï también escribió diecisiete libros y numerosos artículos, incluyendo la novela Histoire de Marie en 1948, que fue publicada con un prólogo de Henry Miller.
Considerado por muchos como uno de los grandes fotógrafos del siglo XX, Gyula Halász murió el 8 de julio de 1984 en Eze, Alpes-Maritimes, al sur de Francia y fue enterrado en el cementerio de Montparnasse de París.
En 2000, una exposición de 450 de sus obras fue organizada con la ayuda de su viuda, Gilberte, en el centro Georges Pompidou de París.

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS IV

Hoy vamos a conocer o a repasar unos de los símbolos internacionales del París romántico de mediados del siglo XX.

El beso (Le baiser) - Robert Doisneau (1950)

¿Os gusta, os atrapa? ¿ Has puesto carita de cordero degollado cuando la has estado mirando?
Tengo una guillotina que nunca he utilizado y que resultaría mucho más auténtica llena de sangre… Jejeje..
En serio, ¿Tienes envidia? ¿Crees que Doisneau quiso retratar un hecho concreto y definido o piensas por el contrario, que hay algo más, que desnudó a los protagonistas, que esta foto encarna ese concepto abstracto al que no seré yo quien ponga nombre?
Ay…
Que sensibles…
En 1950, la revista Life encarga a la agencia RAPHO donde trabajaba Robert, un reportaje sobre los amantes de París. Así surgió “Besos” y su obra más significativa: El beso del Hôtel de Ville. El trabajo recorrió toda Francia con gran éxito, y le abrió las puertas del triunfo. En 1951 expuso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Veamos cómo encontró Robert la inspiración…
Un dia entró en un bar, se encontraba derrotado, cansado de buscar una perla en el Himalaya. Restregaba su cara con esas manos expertas, brioso y saturado, cuando entrevió una pareja que se besaba apasionadamente en el fondo. Como buen fotógrafo, sus ojos no se dejaban cautivar por el movimiento, lo capturaban. Y esa foto impagable, que se perdió para siempre el 1 de abril de 1994, encuadraba un oscuro rincón de la ciudad de la luz. No titubeó, fue a hablar con ellos, se trataba de Jacques Carteaud y Françoise Bornet, dos estudiantes de arte dramático. Les pidió que posaran para una foto frente al Hotel de Ville, una foto que debía parecer tan casual como fueran capaces…
Y no sé si fue por su precisión artística o por la ardiente y espontánea actitud de la pareja, pero la verdad es que el resultado fue tan extraordinario que arrastraron la farsa hasta un zulo, donde estuvo secuestrada durante años…

El día siguiente del singular encuentro, el amanecer sorprendió a Robert Doisneau con la bombilla encendida. Ya tenía la nueva fotografía revelada en su cabeza, había estudiado al milímetro todos los parámetros necesarios, ya sabía cuál sería la composición, la luz, las sombras, había tomado la decisión de difuminar el fondo, tenía a los protagonistas perfectos, el lugar no podía ser más adecuado…
Se besaron delante de los turistas, obviándolos, embebidos en esa sencilla burbuja invisible que los convertiría en viajeros temporales. La foto quedó como un beso robado.

Se exhibió por todo el mundo, y muchos años después, varias personas juraron ser los protagonistas. Para pedir los derechos de autor, claro. Asi fue como aparecio Françoise Bornet y Doisneau no puedo negar la evidencia.

¿ Se casaron Francoise y Jacques? ¿Vivieron felices y comieron perdices? ¿Cuántos hijitos nacieron de esa relación tan “mona”?
“Oh, solo fuimos amantes siete u ocho meses” contó Francoise tiempo después…
¿Una decepción? No, sólo una gotita de realidad en esa atmósfera de cuento de hadas que se había creado…
Doisneau les entrego una foto firmada a cada uno, y hace no mucho, Francoise subastó la suya en 155.000 euros.

¿Puede una mentira o una verdad a medias restar romanticismo a una fotografía? ¿Merma su autenticidad? ¿Podemos hablar de “tomadura de pelo”? ¿ Es cursi o romántico? ¿Cuál sería la diferencia en este caso? ¿No os sigue pareciendo una gran foto a pesar de todo? ¿No os entran ganas de dar un beso de esos?
Ay…
Voy a comerme una media luna de chocolate…