COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XIX

Fuga hacia la libertad - Kyoichi Sawada, United Press Internatinal.

“El valor es el resultado de un grandísimo miedo“. Ferdinand Galiani (1728-1787) Diplomático y economista italiano.

Thuong, Binh Dinh, Vietnam de Sur, Septiembre 1965. Una madre conduce desesperada a sus cuatro hijos a través del río. Huyen de los estragos que causan las bombas norteamericanas. Una lluvia de fuego implacable. Cuando todo parece terminado, cuando el oso te abraza, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que aún vives. La mujer a la que fotografió Kyoichi, es una madre coraje que podría enfrentarse incluso a un dragón si la vida de sus pequeños dependiera de eso. Al dragón de San Jorge. Esta imagen chorrea sinceridad y amor en una selva cruel y opresiva. Sawada se acercó a la orilla y tomó la fotografía arriesgando su propio pescuezo. Cuando salieron del agua, mientras los acompañaba a un lugar seguro, secó los ojos de los niños. Tampoco podía hacer mucho más…

Le concedieron varias distinciones internacionales por esta fotografía, como el World Press Photo en 1965 o el Premio Pulitzer, en 1966. Pero no fueron su “Fuga hacia la libertad”. Siguió retratando las guerras. Sawada se volvió taciturno, según declaraciones póstumas de su propia viuda. El 24 de febrero de 1966 en Tan Bin (Tan Binh), en Vietnam del sur, tuvo otra visión. Enfocó su cámara y nos entregó otra fotografía dramática. Militares americanos arrastraban el cuerpo inerte de un soldado Viet Cong. Inexplicable. Inhumanos.

Otro triste premio. Otro World Press Photo, y además, consecutivo. Su carrera había alcanzado su cenit. Pero los laureles no le cambiaron. No necesitó ningún esclavo romano que le recordara que no era un Dios, sino que era humano. Hacía tiempo que conocía el valor de la vida. Fue testigo mudo de tantas atrocidades que Vietnam se convirtió en un tema espinoso. Prefería callar. Siempre osado, murió en 1970 en Laos, Camboya, junto a su jefe, Frank Bosch, durante un tiroteo en Phnom Penh. Tenía 34 años. ¿Demasiado joven para haber vivido tanto?

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XIV

Burning Monk (1963) - Malcolm W. Browne, USA, The Associated Press.

Thich Quang Duc era un monje budista. Su monasterio estaba a las afueras de Huế, la antigua capital de Vietnam. Una bella ciudad de Vietnam del Sur a orillas del legendario río del perfume. Era un hombre de carácter afable y muy tranquilo. Para él, la tradición era lo primero…
Y sin embargo, no os habrá resultado muy complicado deducir que es el protagonista de esta escalofriante foto. La estrella que se apagó en la oscuridad de un país sin libertad. Murió para protestar por la represión que la administración del Primer Ministro Ngô Ðình Diêm estaba llevando a cabo en contra de la religión budista. Y se quejó ardientemente. Aunque no movió ni un músculo, ni gritó. No dejó escapar ni un solo sonido mientras se quemaba…
Pero nadie podrá decir que no se le oyó…

Thich Quang Duc, nació en 1897, fue un monje budista vietnamita (también llamados bonzos, de ahí la famosa frase…) que se inmoló en una calle muy transitada de Saigon el 11 de junio de 1963. Su acto de inmolación, que fue repetido por otros monjes, fue el más recordado, entre otras cosas, porque uno de los presentes fue David Halberstam, un reportero del New York Times que escribió lo siguiente:

“Estaba viendo de nuevo la señal, pero una vez fue suficiente. Las llamas estaban surgiendo de un ser humano; su cuerpo fue marchitándose lentamente, su cabeza se ennegrecía. En el aire había un olor a carne humana quemada; el hombre se quemó sorpresivamente rápido. Detrás de mí pude escuchar el sollozo de los Vietnamitas que estaban ahora en la entrada. Estaba demasiado sorprendido para llorar, demasiado confundido para tomar notas o hacer preguntas, además desconcertado para inclusive pensar… Mientras se quemaba él nunca movió un músculo, nunca pronunció un sonido, su calma exterior en agudo contraste con la gente que se lamentaba alrededor de él.”

Thich Quang Duc, como ya he dicho, estaba protestando contra la manera en la que la administración del Primer Ministro Ngô Đình Diệm oprimía la religión budista en su país. Los budistas exigían unos derechos mínimos, ninguna locura. Aunque no todos pensaban lo mismo que yo en aquel país, obviamente…
Querían levantar la prohibición sobre las banderas budistas, pedían la asignación de los mismos derechos que el catolicismo, parar la detención ilegal sobre los budistas, compensar a los familiares de las victimas y enjuiciar a los responsables. En resumen…
Ninguna locura, aunque Thich tuviera que parecer un rebelde o un loco para obedecer a su conciencia, a sus ideales. O simplemente para reclamar un poco de justicia…

El suceso ocurrió en la intersección de las calles ‘Phan Đình Phùng’ y ‘Lê Văn Duyệt’. Cambiaron el nombre de estas calles en 1975. Cuando Saigon pasó a llamarse Ho Chi Minh. Ahora son ‘Nguyễn Đình Chiểu’ y ‘Cách Mạng Tháng Tám’. Parecía un día cualquiera, uno más. El sol iluminaba los puestos callejeros, los tenderetes ambulantes y resplandecían las viejas bicicletas de los vietnamitas. Y ahí estaba casualmente, Malcolm W. Browne. A la caza de la mejor fotografía. De pronto, un automóvil frenó en medio de la calle. Un Austin azul. Bajaron tres monjes. Uno de ellos era Thich, quien tomó la tradicional posición del loto en medio del cruce. En la mano llevaba una caja de fósforos. Los otros dos, mientras tanto, lo rociaban con gasolina. Y entonces ocurrió. Los dedos del monje causaron una chispa que no tardó en transformarse en una llama asombrosa. Los testigos y la cámara de Malcolm asistían atónitos. Apocados. Nadie trató de apagar el fuego, quedaron paralizados ante el pacífico monje que parecía una estatua, no movió ningún músculo de su cuerpo. Sabía que las tradiciones no se heredan, se conquistan…

El automóvil Austin azul claro en el que llegó a Saigon para cometer su acto de inmolación se conserva en la pagoda ‘Thien Mu’.

Después de su muerte, su cuerpo fue cremado conforme a la tradición budista. Durante la cremación su corazón se mantuvo intacto, sorprendentemente, por lo que fue considerado santo y su corazón fue trasladado al cuidado del Banco de Reserva de Vietnam como reliquia.

Madame Nhu, primera dama de Vietnam en ese tiempo, comentó con respecto a este acontecimiento que ella “aplaudiría por ver otro espectáculo en el cual un monje se convirtiera en barbacoa”. Desde ese momento se la conoció con el pseudónimo de la “Dama Dragón”. Algunas personas vienen con defectos de fábrica incorregibles…

El primer álbum musical de la banda de rock de los 90’s Rage Against the Machine utilizó la imagen de la inmolación de Thich Quang Duc en la portada.

Thich Quang Duc en ningún momento pensó en la gran repercusión mediática que podría tener su actuación, pero la tuvo. Y como ocurre con todo lo que se hace célebre, aunque parezca mentira, salieron imitadores…
El 11 de noviembre de 1983 Sebastián Acevedo, un minero chileno, se quemó a lo bonzo en los escalones de la catedral de Concepción, Chile para protestar por la desaparición de sus hijos a manos de la policía.
El 27 de agosto de 2007 un hombre que se cree que tenía problemas mentales se quemó a lo bonzo en la Plaza Roja de Moscú, cerca del Kremlin.
El 4 de septiembre de 2007 un ciudadano de origen rumano se roció con gasolina y se prendió fuego ante la Subdelegación del Gobierno Español en Castellón de la Plana. El hombre que sufrió quemaduras en el 70% de su cuerpo, murió el 19 de septiembre en el Hospital La Fe de Valencia.
El 7 de diciembre de 2007 una mujer senegalesa se quemó a lo bonzo ante la Alcaldía de Roma en presencia del presidente de su país, Abdoulaye Wade, en lo que fue interpretado como un gesto de protesta contra él…

Más adelante Thich Nhat Hanh, un maestro zen, explicó a su manera la acción de Thich Quang Duc. No era un suicidio sino una inmolación. Un suicidio es una victoria para el enemigo mientras que la inmolación es una protesta activa. A lo que añadió muy serio. El enemigo no era el hombre, era el fanatismo, el odio, la discriminación…
La foto de Thick Quang Duc inmolándose corrió más rápido que la pólvora, ese mismo día estaba en el escritorio del presidente de los Estados Unidos. JFK. Kennedy, el niño bonito de América, había ayudado al represor católico Diem a llegar al poder. Una mala idea. Horrorosa. Pero habitual en la historia de la política. Pensó que era el mejor modo de impedir que el país cayera bajo el control comunista.
Finalmente, Thich Quang Duc consiguió derrotar el régimen del primer ministro Diem, que acabó cuatro meses después. En Noviembre de 1963. Pero no sólo eso, también cambió la percepción de la opinión pública mundial acerca del Budismo, lo que contribuyó decisivamente a su propagación.
A comienzos de 1964, Malcolm W. Browne ganó el premio Pulitzer a la mejor fotografía periodística del año. Un trofeo que sumó al prestigioso World Press Photo.
Pese al éxito, este fotógrafo no pudo ocultar su arrepentimiento por no haber hecho nada por el monje.
¿Os recuerda a alguien?
Un proverbio italiano dice que del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento…
Que cada uno saque sus propias conclusiones. Y que tome sus propias decisiones. Pero que sean acertadas, o nos uniremos al club de los arrepentidos…

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS VI

Sudanese girl - Kevin Carter.

“Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.
Son palabras de Kevin Carter al recibir el Pulitzer por esta fotografía.

¿Sensacionalismo visual o un trabajo demasiado profesional?
¿Debería haber ayudado a la niña en lugar de hacer la foto? ¿O después? ¿Qué piensas sobre la perversa realidad del periodismo extremo?
¿Hay que pensar globalmente y desprenderse de los sentimientos más epidérmicos para contribuir más eficazmente a la desaparición de la miseria, esa lacra que debería ser tan vergonzosa para el ser humano?
¿Por qué la ética no es más que una minúscula isla deshabitada en el océano nada pacífico que es la política?

Esta conmovedora fotografía fue publicada por primera vez en el New York Times el 26 de marzo de 1993 y como muchas otras, no tardó en recorrer el mundo causando una gran conmoción allá donde se veía.
Kevin sólo buscaba la mejor foto. Y la encontró. Esperó unos veinte minutos a que el buitre abriera sus alas, pero sus deseos no se cumplieron. A última hora lo ahuyentó para proteger a la niña. Según Carter, la niña famélica se recuperó lo suficiente para seguir su camino.
¿Se aprovechó de la situación para flirtear con sus más bajas ambiciones? ¿Para conseguir la fama? ¿Para ser más respetado, y le salió el tiro por la culata? ¿En qué lado de la cámara estaba el buitre? ¿Sólo hay uno? ¿Dos? ¿Millones? ¿Tenemos derecho a juzgar a Kevin Carter?
Algunos dicen que la presencia del buitre no venía dada por la niña, sino porque en ese lugar existía un vertedero. Yo no lo sé. Y que no estaba tan cerca, que es un efecto óptico…
Puede ser…

Kevin Carter (* 13 de septiembre de 1960, Johannesburgo, Sudáfrica; † 27 de julio de 1994, Johannesburgo).
Junto a Ken Oosterbroker, Greg Marinovich y Joao Silva, fueron bautizados por la revista Vida de Sudáfrica como la Bang Bang Club. Los cuatro colegas fueron reporteros gráficos durante el Apartheid. El trabajo del Club fue uno de los factores que incrementó la presión política para acabar con aquella violencia extrema. Algunos periodistas que colaboraban con ellos, cuentan que su jornada empezaba de madrugada y concluía al mediodía. Tomaban las fotografías más escabrosas. Sólo tenían una fijación. Conseguir la mejor foto.
Consumían diferentes tipos de estupefacientes para sobrevivir. Para no pensar. Se jugaban la vida cada día, arriesgaban, tenían que estar siempre a tope, al mil por cien, y eso les creaba ansiedad. Normal, ¿no?
Habían crecido en Johannesburgo, eran tipos duros, insensibles, sus retinas se habían curtido, pero por el día tenían la fea costumbre de dormir las horas que no habían dormido por la noche…
En marzo de 1993 se tomó unas vacaciones de Tokoza y Katlehong y se fue a Sudán con la intención de tomar fotografías de los integrantes de un movimiento local rebelde. Pero el país pasaba por su peor época de hambruna y eso le impresionó. Sin darle tiempo a una ducha de agua fría siquiera, se topó de bruces con la niña y el buitre. Cerca del poblado de Ayod, el fotógrafo oyó un frágil lloriqueo. Se acercó hasta la niña, tan consumida y desnutrida que no resistía su propio peso. La niña había parado para descansar un momento en su camino a un puesto de alimentación que se encontraba en el campamento de ayuda de las Naciones Unidas. Algunos dicen que estaba a cien metros, otros a mil. Al lado estaba el buitre. Impávido. Aguardando. La foto podía ser grotesca, pero no mucho más que otras que había publicado antes. La realidad enchufó su frío profesionalismo. Actuó como sabía, como siempre. Estaba programado. La idea fluyó sin más. Tenía que sacar la mejor foto, la más impactante. Ahí empezaba y terminaba su compromiso. La lógica era muy sencilla: si hacía una foto potente, se beneficiaría a sí mismo, evidentemente, pero también ensancharía la sensibilidad de los seres humanos, los ciudadanos de los países ricos posarían su mirada en Sudán. Estimularía una compasión que quién sabe…
Esa humanidad que buscaba, fue la que le faltó a él. No hizo nada para ayudar a la niña.
Y cuando volvió al primer mundo, no pudo escaparse de una pregunta. Fuera donde fuera. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”. Nadie le entendía, ni siquiera su familia. Se sentía como si viviera encerrado en un cofre sin poder moverse mientras un mago introducía espadas que se clavaban en su cuerpo. Vivía expuesto a las críticas más inflexibles. Y lo peor es que sabía que todas eran irrefutables. Era una pesadilla. Los únicos que no le hacían la dichosa pregunta, porque para ellos no era necesario hacerla, eran los amigos del Bang Bang Club.

En abril de 1994 recibió una llamada desde Nueva York. Había ganado el Pulitzer. Seis días después, su mejor amigo, Ken Oosterbroek, murió en un tiroteo en Tokoza. Carter se derrumbó. Ojalá esa bala perdida hubiera sido para él…
Ken escribió un día en su diario: Espero morir con la mejor fotografía de guerra de todos los tiempos en el carrete de la cámara; si no es así, no habría valido la pena.
¿Valió la pena?

El mes siguiente voló a Nueva York a recibir el premio. Lo celebró a lo grande, se emborrachó, incluso más de lo habitual. La guerra en su país se había terminado. Mandela era presidente. Sudáfrica empezaba a florecer mientras la vida de Carter se arrugaba. Puede que el peligro de la guerra fuese su droga más potente, la que le había creado mayor adicción. Siguió trabajando como fotógrafo de Naturaleza, pero la muerte de su amigo y la culpa, la angustia moral retrospectiva de la escena con la niña sudanesa, le habían cazado. Su cabeza estaba colgada en una pared, se hundió en una profunda depresión. No podía trabajar, o si lo intentaba, caía en errores absurdos. Llegaba tarde a entrevistas, perdía rollos de fotos que ya había hecho…
Y tenía problemas en casa: deudas, desamor…
Casi nada…

El 27 de julio de 1994, exactamente tres meses después de las primeras elecciones democráticas de la historia de su país, Carter aparcó su furgoneta junto a la orilla del río donde había jugado cuando era niño. Antes de que supiera lo que era el apartheid, el sufrimiento, la injusticia…
Enchufó una manguera al tubo de escape, y ahí, por fin, dentro de su coche, escuchando música mientras inhalaba monóxido de carbono por un tubo de goma, logró la paz, la anestesia final de la muerte. No era la primera vez que intentaba suicidarse, pero esta vez el buitre sí abrió las alas…
Su vida es el ejemplo perfecto para mostrar el conflicto interior que tienen que despachar algunos fotógrafos:
¿Sólo los fotógrafos? ¿No nos encontramos todos ante este dilema?
Ser un mero narrador de los hechos o intervenir en ellos…
Ir a lo nuestro, vivir nuestra vida egoístamente o hacer algo por los demás, ser más solidarios…
Porque no nos engañemos, todos somos un poco Kevin Carter, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra…

Kevin dejó una nota póstuma. “Continuamente me persiguen los vívidos recuerdos de las matanzas, los cadáveres, la ira, el dolor los niños desfallecidos por el hambre, heridos, los locos de gatillo fácil, muy a menudo policías, los asesinos ejecutores. Me voy a reunir con Ken, si tengo esa suerte”.

Susan Sontag escribió una vez…
“Como el voyeurismo sexual, la fotografía es una forma como mínimo tácita, a menudo explícita, de animar a que lo que está sucediendo siga sucediendo. Hacer una fotografía es tener interés en las cosas tal y como son, en que el status quo no se altere (como mínimo durante el tiempo que se tarda en hacer una “buena” fotografía), estar en complicidad con lo que hace interesante al sujeto, merecedor de ser fotografiado -incluyendo, cuando éste es el interés, el sufrimiento o la desventura de otra persona”.

Y Edmund Burke respondería en una hipotética conversación. “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombre buenos no hagan nada“.

Y una mujer anónima aportaría unos datos… “Todos los días mueren en el mundo 12 mil niños. Uno cada siete segundos. Y hablamos sólo del hambre. Y hablamos sólo de la infancia. Pero no es noticia. Y a nadie le abruma la culpa”…

Albert Einstein asentiría. “No esperes resultados distintos si haces siempre lo mismo”…

Y yo, que estaría escondido tras las cortinas, escuchándoles, seguiría mirando por la ventana…

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS V

Eddie Adams (1933-2004), USA, The associated Press. 1968

La primera virtud del fotógrafo es estar ahí, en el lugar y en el momento exacto en el que se produce la noticia.
Y Eddie cumplió la máxima…
Ahí estaba…

Esto es la guerra. Fuera velos Hollywoodienses. Aquí tenemos una de las pruebas más escalofriantes. Pero también puede hacernos reflexionar acerca de otra cosilla….
“Una imagen vale más que mil palabras”…
¿De verdad? ¿Puede una imagen por sí sola mostrar la realidad tal cual es?
Yo creo que hay que situarla, conocer el contexto histórico, social, cultural, familiarizarse con los protagonistas…

En una guerra se producen casos así continuamente, es muy habitual. De hecho, tratan de que no haya fotógrafos presentes…
No nos engañemos, la crueldad que vemos sólo es el primer plato…
Como dice Woody Allen, en una guerra sólo podría ser prisionero. Yo nunca apretaré el gatillo para asesinar a alguien que piense diferente, no crucificaré a nadie en nombre de la patria, ni por una bandera. Y si me obligan a hacerlo, lo tendré claro, habrá que huir…
Seré el cobarde que escriba quién ganó la batalla cuando todos estén muertos…
Pero…

Las guerras nos vuelven inhumanos, terminan embruteciendo a la gente. Aparecen animales incontrolados que días antes nos saludaban con una sonrisa. Y ahora sólo enseñan los colmillos. No todos acabamos así, pero sí demasiados…

Esta terrible fotografía fue tomada el 1 de febrero de 1968. Y ganó el Pulitzer en 1969. Es un documento histórico, uno de los iconos de la Guerra de Vietnam (1959-1975), considerada también como la Segunda Guerra de Indochina, un conflicto entre Vietnam del Sur, apoyado por Estados Unidos hasta su retirada en 1973, y Vietnam del Norte, apoyado por el Bloque Comunista. Eran los años de la Guerra fría.

El hombre que sostiene la pistola es el general Nguyen Ngoc Loan, General en Jefe de la Policía de Vietnam del Sur. Al que le apuntan es un prisionero del Vietcong, recién capturado por el general. Loan improvisó un juicio sumarísimo contra Nguyen Van Lem, se acercó y le disparó un tiro a quemarropa en la sien.
La imagen no tardó en convertirse en un emblema antimilitar. Movimientos pacifistas asumieron la estampa como representación de la brutalidad de una guerra sin sentido, como todas las guerras civiles estaba degenerando en un bucle de venganzas sangrientas, ejemplificaba todo lo que iba mal en Vietnam, el ejército de los EEUU era incapaz de controlar a sus aliados de Vietnam del Sur, tan desalmados como su enemigo, Vietnam del Norte, y utilizaron la foto de Adams como arma arrojadiza contra el gobierno. Dicen que ésta, y las muchas imágenes similares que llegaban desde Vietnam, consiguieron que Lyndon Johnson no permaneciese dos legislaturas en el poder.
Lo más impresionante de esta instantánea es que fue captada justo en el momento del disparo. Si se analiza la fotografía a buena resolución, puede verse la bala saliendo del cráneo… Una fotografía desgarradora. Y no solo existe la foto, también existe un video…

Todo ocurrió durante la “Ofensiva del Tet”. El Vietcong acababa de matar a 34 personas.
Los dos bandos infiltraban efectivos en las líneas enemigas; de acuerdo con fuentes policiales, abundaban los escuadrones paramilitares que buscaban la venganza.
Nguyen Van Lem comandaba uno de estos escuadrones. Según las noticias de inteligencia, había ajusticiado a policías e incluso a sus hijos y esposas en los días previos al 1 de febrero de 1968, entre ellos, a un amigo del general Loan. Y no sólo eso, para comprender mejor al general, deberíamos saber que también había asesinado a la esposa y a los seis hijos de su amigo.

This interpretation long dismayed Mr. Adams, who accepted General Loan’s contention that the man he shot had just murdered a friend of his, a South Vietnamese army colonel, as well as the colonel’s wife and six children. “How do you know you wouldn’t have pulled the trigger yourself?” Adams would later write in a commentary on the image.

Tras la difusión mundial de la foto, The associated Press mandó a Adams que acompañase al general Loan, lo que le hizo cambiar de opinión acerca de él.

“Este tipo es un héroe. Combatía en nuestra guerra, por su pueblo. Había ayudado a construir un hospital en Saigón. Acababa de asistir a la masacre de varios de sus compañeros”.

Adams no estaba de acuerdo con la interpretación obvia de su foto y esto le hizo víctima de la fama de su obra más conocida el resto de su vida:

“El general mató a un Vietcong con la pistola. Yo maté al general con mi cámara fotográfica. La fotografía es el arma más poderosa del mundo. La gente se las cree, pero las fotos mienten, incluso sin ser manipuladas. Sólo son medias verdades.

Lo que la fotografía no preguntaba era ‘¿Qué hubieras hecho tú de haber sido el general en aquel momento y de haber sido tú el que capturó al supuesto tipo malo después de que hubiera volado por los aires a uno, dos o tres soldados americanos?”

Durante el resto de su vida, Adams pidió perdón al general Loan y a su familia por los daños causados. Loan acabó mudándose a los Estados Unidos, pero siempre fue víctima de aquella imagen y no tuvo mucho éxito en los negocios que emprendió, pues siempre era relacionado con el fatídico momento. Adams, harto de sus años como corresponsal de guerra, se reconvirtió en fotógrafo del mundo rosa.

Cuando el general murió, en 1998, Adams envió flores a su familia y una nota: “Pido disculpas, mis ojos están llenos de lágrimas”.

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS

Cargado originalmente por austerleigh

Fuente y copyright: www.worldpressphoto.org

Hola, queridos y anónimos lectores…

¿Qué os sugiere? ¿Qué importancia tuvo en el desenlace de aquella odiosa guerra? ¿Sirvió para algo? ¿Conocéis bien la historia? ¿Qué sentís? ¿Qué podemos hacer para que nunca vuelva a repetirse?

Es una fotografía muy famosa, sí. De las más impactantes que he visto nunca, una imagen inolvidable…

Espero que esta colección fotográfica que emprendo hoy de una forma tan sobrecogedora, consiga darnos a conocer algunas de las mejores fotografías de la historia. Y demostraremos que éste, también es un arte capaz de remover sentimientos, y que no sólo sirve para mostrar a los amigos nuestro último viaje a Túnez, o para las coloridas portadas del Marca. Habrá fotos brutales, que me han zarandeado el estómago, y otras en cambio, serán tiernas y relajantes, algunas destacarán por su valor histórico, otras por su belleza artística y otras por las anécdotas, los testimonios o los trágicos sucesos que esconden. No me engaño, mi criterio no tiene por qué coincidir con el vuestro, algunas os parecerán malísimas a pesar de sus innumerables premios, pero sé que otras las interiorizaréis para siempre, porque muchas de ellas, es indudable, destapan del tarro de nuestras esencias, fragancias impregnadas de magnetismo y de repulsión…

En fin, aquí comienza esta dramática historia, que desgraciadamente sucedió en la realidad…

Situémonos…

8 de Junio de 1972.
Phan Thi Kim Phuc, en el centro, corre de la escena donde los aviones de las tropas sudvietnamitas han lanzado Napalm, en Trangbang, Vietnam del Sur.

Las palabras del fotógrafo, Huynh Cong ‘Nick’ Ut.:

” Quiero que cuando la gente vea esa foto entienda que no quiero más guerras en el mundo. Hay que acabar con las guerras. No debe haber más fotos de quemaduras de napalm. No sólo hablo de la guerra de Vietnam. No debe haber ninguna guerra. “

El fotógrafo es el vietnamita Nick Ut, de AP y ganador de un Pulitzer. Después de sacar la foto llevó a Kim a un hospital sudvietnamita, desde donde la trasladaron al Hospital Barsky. Allí pasó 14 meses recuperándose.

Nadie esperaba que Kim Phuc sobreviviese. Tenía quemaduras de tercer grado que cubrían la mitad de su cuerpo. Necesitó muchas operaciones y años de terapia. Tras dos años de sufrimiento y lucha, volvió a su aldea. Fue un milagro.

A los 10 años de tomarse esta fotografía, un fotógrafo alemán encontró a Kim. El gobierno la había sometido a interminables entrevistas y funcionarios comunistas la habían llevado a la ciudad de Ho Chi Minh para que apareciese en películas propagandísticas. Había sido obligada a dejar la escuela y volver a su provincia en la que, como “símbolo nacional de la guerra”, estaba sometida a una supervisión cotidiana.

En una entrevista para la BBC de Londres, Nik Ut recordó ese momento: “ Empecé a ver columnas de humo y mucha gente que corría. Vi a una señora que corría y pedía ayuda con un bebé muerto en sus brazos. Entre el humo negro vi a Kim Phuc que corría gritando “ nam ua, nam ua” (demasiado caliente) y tomé muchas fotografías”. Nik cuenta que dejó su cámara a un lado, pensando, “ no quiero que muera”, levantó a la niña y le dio un poco de agua, la cubrió con una manta y la llevó al hospital en su coche. Después fue hasta su oficina y se puso a revelar las fotos. Cuando apareció, nítida, la imagen de Kim Phuc corriendo, se llevó las manos a la cara: “ ¡Dios mío, es una gran foto!”. No tardó en hacérsela llegar a su editor. Pero éste pensó que no iba a poder publicarse, ya que en esa época no se permitían fotos con desnudos frontales. Sin embargo, cuando llegó Horst Faas, el jefe de la oficina, y vio la imagen, les dijo: “ Enviemos esta foto inmediatamente, ahora mismo, no me importa lo que digan”. Para Nik Ut, esa foto tuvo un gran impacto, y aún hoy la gente habla de ella, mientras su autor, que va todos los años a Vietnam, comenta que allí la gente le dice: “ Nik, tu foto cambió la guerra”.

La niña de la fotografía, Kim Phuc, actualmente vive en Toronto (Canada) y además de ser embajadora de la UNESCO, preside la “Fundación Kim Phuc”, dedicada a ayudar en todo el mundo a niños víctimas de la guerra.

Kim Phuc: “ Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños. Cuando veo esa imagen una y otra vez, agradezco a Dios que el tío Nik congeló ese momento de la historia con su fotografía, y permitió que las próximas generaciones vieran lo que puede ser el horror de la guerra”.