COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XXII

Don McCullin - Biafra (1969)

“No soy un héroe, aunque he corrido muchos riesgos, mi papel fue ir donde había tragedias para describirlas y volver con un mensaje”. Don McCullin.

La fotografía te deja sin palabras. Simplemente escalofriante.
Don McCullin, uno de los grandes fotógrafos del siglo XX, no necesitó experimentar el éxtasis de Santa Teresa, ni suicidarse, ni buscarse una amante cubana, para empezar una nueva vida. Era fotógrafo de guerra. Una profesión arriesgada. Pero no quiso seguir torturándose por razones equivocadas.
¿Qué ocurrió? ¿Cuál fue su punto de inflexión?
Un día vio a un niño apunto de morir de hambre…
Una imagen sencilla y dramática. Roedora de conciencias….
Tras ese pestañeo, se convirtió en un importante activista de la ONU.
El crío de la imagen sobrevivía en Biafra. Una región sudoriental de Nigeria que había proclamado su independencia el 30 de mayo de 1967, y que terminaría su aventura el 15 de Enero del 70. Tres años fueron suficientes para que los buitres vieran desde el cielo los ríos completamente rojos…
Cerca de un millón de muertos…
Muchos de ellos por culpa de la primera hambruna mediática de la historia…

Biografía de Don McCullin:

Nació en Londres en 1935. Viajó durante treinta años a los conflictos de las zonas más calientes del globo, mostrando los horrores de la guerra desde un punto de vista alejado de cualquier búsqueda estética. Pero también se paró a observar el sida o la pobreza, desde su particular forma de entender la fotografía. Cumplió el servicio militar en la Royal Air Force como ayudante de fotografía aérea. Y ahí surgió su pasión. En 1959 es nombrado responsable del servicio fotográfico de la revista “The Observer” y en 1961 marcha a Berlín para documentar la construcción del Muro. En 1964 su trabajo de documentación de la guerra de Chipre le hace ganador del premio World Press Photo.
“Las guerras tienen diferencias terribles, pero también una uniformidad terrible. Duermes con los muertos, acunas a los muertos, vives con los vivos que se convierten en los muertos”.
En el mismo año se marcha a la guerra de Vietnam. A continuación cubre los conflictos de Nigeria (1968), Camboya (1970), Pakistán (1971), Uganda (1972), Medio Oriente en la guerra del Yom Kippur (1973) y regresa a Vietnam en 1975 para fotografiar la caída de Phnom Penh. También fotografió caníbales y tribus remotas en Indonesia. Diez vidas en una. En los últimos años se conserva alejado de los conflictos mundiales, se ha dedicado a la fotografía del paisaje, centrándose en las vistas de la campiña inglesa en la que vive. Tranquilidad…
Bendito tesoro…

“Me gusta fotografiar el paisaje inglés en invierno, porque está desnudo y es frío y solitario, y, sí me siento feliz… No existe la política. No hay nadie que me diga: sal de mi territorio. No hay nadie que me apunte con su arma. Es casi como si estuviera bebiendo el mismísimo néctar de la libertad. Yo no quería ser fotorreportero de guerra; quería ser fotógrafo de paisajes y paz, lo cual me parece mucho más difícil de fotografiar que la guerra. No se necesita tener mucho ojo a alguien muriéndose delante de tu cámara”

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XXI

“Un niño llora a su padre tras un terremoto” - Eric Grigorian/Polaris Images.

El 22 de Junio del año 2002 la tierra tiritó. Y el temblor emergió en el noroeste de Irán.
6 grados Richter. Un movimiento sísmico traicionero, que seguramente, dada la tecnología que poseen actualmente los países ricos, pudo haberse evitado. Como tantas otras catástrofes. Esta vez, lo padecieron 52 pueblos de una zona montañosa, entre las ciudades de Qazvin y Hamadan. Unas 70 aldeas fueron destruidas o seriamente dañadas, y al menos, 25 mil personas perdieron su hogar a causa del sismo. Es fácil de explicar, la mayoría de las casas en Irán están construidas con ladrillos de barro y por supuesto, no están preparadas para soportar terremotos.
En un principio se dijo que podía haber 500 fallecidos, pero según la Media Luna Roja (la Cruz Roja iraní), la sacudida causó la muerte a 230 personas. Víctimas a las que hay que añadir los 2.000 heridos. Uno de los terremotos más graves de la última década.

Las autoridades tardaron en reaccionar. No enviaban equipos de ayuda, ni medicamentos, ni alimentos…
Así que cuando se presentó un ministro iraní para salir en la foto, en visita guiada, los supervivientes del siniestro arrojaron piedras contra el vehículo que le transportaba.

Eric Gregorian, un periodista armenio-americano, con residencia en Los Ángeles, se acercó a la provincia de Qazvin al día siguiente. La agencia Polaris Images necesitaba fotos de la tragedia. Se encontró un paisaje desolador. La desventura se ceba con los pobres. Los soldados y los voluntarios trabajaban a destajo. No daban abasto. Cavaban tumbas y más tumbas para enterrar a las víctimas del terremoto. Una epidemia causaría estragos…
Eric caminó pausado entre tanto ajetreo. Con los ojos bien abiertos y la cámara bien apretada. De pronto, entre tantas personas que iban de un lado para otro como pollos sin cabeza, descubrió un colibrí clavado en el suelo arenoso. Tragó saliva. Apuntó con precisión y cazó a su presa.
Había retratado a un crío inconsolable que esperaba en cuclillas junto a uno de los hoyos, a que sepultaran el cuerpo de su padre. Estaba desolado. Le rodeaban numerosos extraños que no le prestaban la menor atención a pesar de su emotivo desconsuelo. Se aferraba a los pantalones de su padre muerto. Sus ojos mostraban una desesperación que pellizcaba en lo más profundo. Es una foto en blanco y negro que produce una tremenda angustia…
Una historia humana. Y por tanto, irracional…
Representa el sufrimiento íntimo, la pérdida irremplazable de un ser querido, mientras la tierra continúa girando alrededor del sol. Los demás se apenan, sufren, lo sienten de veras, pero no les impide seguir con su vida. Y tú te quedas ahí, acurrucado, sintiéndote muy pequeño, sin acabar de creerte lo que ha ocurrido y haciéndote preguntas que no tienen respuestas…
La gente te rodea, intenta acercarse aunque tú los sientes muy lejos, y de vez en cuando acarician tu cabeza en señal de cariño…
Pero nada te consuela. Sabes que tarde o temprano tendrás que soltar el pantalón y que ése será el final…

Premio Worl Press Photo 2002.

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XIX

Fuga hacia la libertad - Kyoichi Sawada, United Press Internatinal.

“El valor es el resultado de un grandísimo miedo“. Ferdinand Galiani (1728-1787) Diplomático y economista italiano.

Thuong, Binh Dinh, Vietnam de Sur, Septiembre 1965. Una madre conduce desesperada a sus cuatro hijos a través del río. Huyen de los estragos que causan las bombas norteamericanas. Una lluvia de fuego implacable. Cuando todo parece terminado, cuando el oso te abraza, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que aún vives. La mujer a la que fotografió Kyoichi, es una madre coraje que podría enfrentarse incluso a un dragón si la vida de sus pequeños dependiera de eso. Al dragón de San Jorge. Esta imagen chorrea sinceridad y amor en una selva cruel y opresiva. Sawada se acercó a la orilla y tomó la fotografía arriesgando su propio pescuezo. Cuando salieron del agua, mientras los acompañaba a un lugar seguro, secó los ojos de los niños. Tampoco podía hacer mucho más…

Le concedieron varias distinciones internacionales por esta fotografía, como el World Press Photo en 1965 o el Premio Pulitzer, en 1966. Pero no fueron su “Fuga hacia la libertad”. Siguió retratando las guerras. Sawada se volvió taciturno, según declaraciones póstumas de su propia viuda. El 24 de febrero de 1966 en Tan Bin (Tan Binh), en Vietnam del sur, tuvo otra visión. Enfocó su cámara y nos entregó otra fotografía dramática. Militares americanos arrastraban el cuerpo inerte de un soldado Viet Cong. Inexplicable. Inhumanos.

Otro triste premio. Otro World Press Photo, y además, consecutivo. Su carrera había alcanzado su cenit. Pero los laureles no le cambiaron. No necesitó ningún esclavo romano que le recordara que no era un Dios, sino que era humano. Hacía tiempo que conocía el valor de la vida. Fue testigo mudo de tantas atrocidades que Vietnam se convirtió en un tema espinoso. Prefería callar. Siempre osado, murió en 1970 en Laos, Camboya, junto a su jefe, Frank Bosch, durante un tiroteo en Phnom Penh. Tenía 34 años. ¿Demasiado joven para haber vivido tanto?

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XVII

Yosuke Yamahata – La Cúpula Genbaku

¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.
Gilbert Keith Chesterton

La destrucción total. La decadencia de una civilización que como dice Voltaire, no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara.
Imagínate caminando por Hiroshima un día después de la fatídica explosión. Cuerpos calcinados, tufillo a chamusquina, sabor a plomo en el aire, ruinas en un ángulo de 360 grados. No puedes asimilarlo, no alcanzas a comprender el poder que esconden algunos pocos puños cerrados, te muerdes el labio impotente y en silencio. Pisas hierros ennegrecidos que aún se quejan y prefieres no detenerte sobre esos escombros descompuestos de quién sabe qué. Reconoces vestigios de una ciudad que tardará en ver el sol. No muy allá, todavía quedan pequeñas fogatas sin apagar que escapan del tono gris que lo envuelve todo. Y escuchas débiles súplicas a lo lejos que desgarran el silencio fúnebre.
El 6 de agosto de 1945, el Enola Gay, un B-29 estadounidense, dejó caer a “Little Boy”. Cumplían órdenes. A las 8:15:17 se escuchó un ruido sibilante que sólo fue el preludio de una gran tragedia como nunca antes se había visto…


Estados Unidos había lanzado la bomba atómica. Hirohito no se rendía y no se les ocurrió una idea mejor. Panda de cabrones. Mientras el ejército japonés trataba de ocultar el bombardeo a sus ciudadanos, el presidente Harry Truman se dirigió a su población a través de la televisión:
“Hace poco tiempo un avión norteamericano ha lanzado una bomba sobre Hiroshima inutilizándola para el enemigo. Los japoneses comenzaron la guerra por el aire en Pearl Harbor, han sido correspondidos sobradamente. Pero este no es el final, con esta bomba hemos añadido una dimensión nueva y revolucionaria a la destrucción […] Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de fuego que sembrará más ruinas que todas las hasta ahora vistas sobre la tierra.”
Se le olvidó comentar que en Pearl Harbour murieron militares y aquí civiles. No necesitas la imaginación de Lewis Carrol. Tienes delante la fotografía de Yamahata. Impactante. El único superviviente que quedó en pie fue la Cúpula de Hiroshima. La Cúpula Genbaku. También conocida como la Cúpula de la Bomba Atómica.

El edificio fue diseñado por el arquitecto checo Jan Letzel y se completó en abril de 1915. Era un edificio para mostrar exposiciones. Y acabó expuesto. La bomba nuclear cayó casi encima de él (el hipocentro estuvo a 150 metros de distancia) y fue la estructura más cercana a la explosión. El edificio se ha conservado en el mismo estado desde aquel día, y ahora sirve de recordatorio de la devastación nuclear. Como símbolo de esperanza y paz. Un emblema que debería bastar para que un puñado de dedos poderosos decidan eliminar las bombas nucleares. Es Patrimonio de la Humanidad. Y el distintivo del Parque Memorial de la Paz de Hiroshima, que ocupa un gran espacio en el centro de la ciudad. Un centro de Hiroshima que aquella mañana quedó invisible. Oculto. Sólo podía verse el puerto de Aioi.
-”Una columna de humo asciende rápidamente. Su centro muestra un terrible color rojo. Todo es pura turbulencia. Los incendios se extienden por todas partes como llamas que surgiesen de un enorme lecho de brasas. Comienzo a contar los incendios. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… catorce, quince… es imposible. Son demasiados para poder contarlos. Aquí llega la forma de hongo de la que nos había hablado el capitán Parsons. Viene hacia aquí, es como una masa de melaza burbujeante. El hongo se extiende. Puede que tenga mil quinientos o quizá tres mil metros de altura y unos ochocientos de anchura. Crece más y más. Está casi a nuestro nivel y sigue ascendiendo. Es muy negro, pero muestra cierto tinte violáceo muy extraño. La base del hongo se parece a una densa niebla atravesada con un lanzallamas. La ciudad debe estar abajo de todo eso. Las llamas y el humo se están hinchando y se arremolinan alrededor de las estribaciones. Las colinas están desapareciendo bajo el humo. Todo cuanto veo ahora de la ciudad es el muelle principal y lo que parece ser un campo de aviación. Eso aún resulta visible. Allá bajo hay aviones”.’
Bob Caron-artillero de cola/fotógrafo del Enola Gay.

La primera bomba atómica de la historia acabó con la vida de 120.000 personas de una población de 450.000 habitantes, causando otros 70.000 heridos y destruyendo la ciudad casi en su totalidad. En sólo unos pocos segundos, la onda expansiva, el calor de varios miles de grados, y la radiación, producto de la explosión, destruyeron todo lo que encontraban a su paso cercano al punto de impacto
La bomba atómica es un dispositivo que obtiene una enorme energía de las reacciones nucleares. Su funcionamiento se basa en provocar una reacción nuclear en cadena no controlada. Se encuentra entre las denominadas armas de destrucción masiva y su explosión produce una característica nube en forma de hongo.
Al no haber una rendición inmediata del Imperio Japonés, tres días después, una segunda bomba explotó 500 metros por encima del suelo que pisaban los ciudadanos de Nagasaki. Allí, el número de víctimas causadas directamente por la explosión se estima en 50.000 mortales y 30.000 heridos de una población de 195.000 habitantes. A estas víctimas hay que sumar las causadas por los efectos de la radiación nuclear. De una población de 645.000 habitantes, el número de víctimas pudo sobrepasar las 400.000 ó 500.000. De ellas, 200.000 ó 250.000 mortales (los datos difieren según diversas fuentes).


El fotógrafo fue Yosuke Yamahata. El gobierno japonés le envió al día siguiente del ataque para que documentara los efectos de la nueva bomba americana para su estudio por el alto mando nipón. Si os apetece leer acerca de su vida y encontrar algunas sensibles impresiones de lo que sintió al llegar al lugar, podéis clicar aquí. Es muy recomendable, además encontrarás fotografías de Nagasaki el día después. Un excelente trabajo. Una punzante faena.

http://www.nnc.cubaweb.cu/paginasat/gal4.htm

La guerra es un asunto demasiado grave para confiárselo a los militares. Ni a los políticos…
Que decidan las madres…

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XVI

The last Jew in Vinnitsa [1941) - El último judío en Vinnitsa

Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso.
Denis Diderot (1713-1784) Escritor francés.

Un Soldado perteneciente al Einsatzgruppen apunta con una pistola a un judío bajo la atenta mirada de sus compañeros. La tropa. El judío se encuentra de rodillas, humillado, frente a una fosa común llena de cadáveres. Ocurrió en Vinnitsa. Ucrania. Es tan sobrecogedora que tristemente, se instala…
La imagen fue encontrada entre las pertenencias de un militante de las Einsatzgruppen nazis. En la parte posterior de la foto podía leerse, “El último judío en Vinnitsa”.
Los 28.000 judíos de Vinnitsa y sus alrededores fueron asesinados a sangre fría. Tremebundos datos…

Los Einsatzgruppen (” Equipos móviles de matanza” o ” Grupos de la muerte”) eran unidades de las SS y personal de la policía alemana, bajo el mando de los agentes de la Policía de Seguridad (Sipo) y del Servicio de Seguridad (SD). Los Einsatzgruppen tenían entre sus tareas el asesinato de personas percibidas como enemigos raciales o políticos que se encontraban detrás del frente, en la Unión Soviética ocupada. Estas victimas incluían judíos (Hombres, mujeres, y niños), Romanis (Gitanos), y oficiales del estado y del partido comunista soviético.

Los Einsatzgruppen también acabaron con la vida de miles de personas internadas en instituciones para incapacitados psíquicos. Muchos historiadores creen que el asesinato sistemático de judíos en la Unión Soviética ocupada por batallones de los Einsatzgruppen y Policía de Orden (Ordnungspolizei) era el primer paso del programa nazi para asesinar a todos los judíos europeos.

¿Pudo dormir tranquilo y sin remordimientos el soldado de la foto? ¿El resto de su vida, que espero fuese corta?

Me inquieta la muchedumbre de la fotografía. Tan dignos y adiestrados. Silenciosos como leones cuando han olisqueado su próxima caza. Observando el espectáculo. Arrogantes pero respetuosos. Algunos incluso apartan a sus propios compañeros para fijarse mejor. Espeluznante. Y seguro que luego se lo contaron orgullosos a sus amiguetes en los barracones. Es muy deprimente. Nadie hace nada, ese hombre es sólo un número más que se apilará junto al resto de cadáveres…
Y lo peor es que parecen acostumbrados…

Otra técnica atroz que utilizaban los nazis era el sardinenpacken (empaquetamiento de sardina). Obligaban a los futuros cadáveres a estirarse encima del hueco dejado por dos fiambres bien alineados. Y entonces les iban disparando en la nuca uno a uno. Así se cercioraban de que nadie saliera moribundo…
Y la fosa quedaba bien tapada…

Parece el fotograma de una película bélica. O quieres creer que es lo que fue. Pero no. Quieres creer que tras esta escena violenta, alguien gritó “corten” y limpiaron al actor de zumo de tomate. Que los cuerpos que están tendidos recobraron el aliento y estallaron en una carcajada. Pero no. Se te nublan los ojos. Te hinchas de rabia. Te dan ganas de renunciar a tus principios. Y no me extraña. La guerra siempre consigue su objetivo. Es un asco. Y una putada…

¿La Humanidad es cruel?
No, muchas personas serían bondadosas, sensibles y generosas en las situaciones más desfavorables. En el mismísimo infierno. La historia lo demuestra. Son santos aunque no tengan un día del año que lleve su nombre. Otras muchas, suspicaces y crueles, perversas y desalmadas, serían capaces de dar una pistola a Adán para que se defendiera de Eva. Podría arrancarle otra costilla…
O pedirle el divorcio…
Pero la mayoría silenciosa, un gran número de respetables ciudadanos, la masa sospechosa, el incauto pueblo cándido, posiblemente todos nosotros, somos esclavos de nuestra educación. Un lavado de cerebro como Dios manda podría volvernos irreconocibles. Vale, ahora ya no, hemos tenido la oportunidad de aprender a pensar…
¿Pero si hubiese sido desde la cuna?
Si hubiéramos sido “adoctrinados” podríamos creer que la tierra es plana, que existen los fantasmas, que el hombre llegó a la luna, que España fue un gran Imperio o que los judíos son seres de raza inferior cuyas vidas no valen la ropa que llevan.
Alice Miller explica lo que ocurrió en Alemania desde esta perspectiva. Mediante lo que ella llama la pedagogía negra, que consiste en la crueldad y la represión más absolutas contra cualquier iniciativa de los niños que se saliera de las estrictas normas germánicas. Así se creaban fanáticos dispuestos a seguir ciegamente cualquier consigna que se les lanzara con la suficiente convicción.

Según Wikipedia y por si aún hay alguien que no lo sepa…
Holocausto:
El Holocausto (del griego ὁλόκαυστον holókauston, de ὁλον ‘completamente’ y καυστον ‘quemado’, referido a un antiguo ritual religioso), también conocido como o HaShoá (en hebreo: השואה‎; en idish,האלאקאוסט, Halokaust, o más precisamente חורבן, Jurbán), es el nombre que se aplica a la persecución y genocidio de aproximadamente 6.000.000 de judíos, y de otros muchos grupos de Europa y el Norte de África, como parte de un programa deliberado de exterminio planificado y ejecutado mediante el asesinato sistemático e industrializado por la Alemania nacionalsocialista dirigido por Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.
Según el criterio más o menos restringido que se adopte para definir el Holocausto, la cifra de víctimas varía. Algunos historiadores lo circunscriben a lo sucedido entre los judíos y el Tercer Reich (unos 5,8 millones de víctimas). Otros estudiosos consideran que debe aplicarse también a las víctimas polacas, y a otros pueblos eslavos y gitanos. Un tercer grupo amplía el término para que abarque también a los homosexuales, los disminuidos físicos y mentales y los Testigos de Jehová, de modo que se estiman en 11 o 12 millones las víctimas del Holocausto, de las cuales la mitad eran judíos.

Decía Flauvert que la humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla…
Pero yo no quiero acostumbrarme…

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XV

V-J day in Times Square - Alfred Eisenstaedt

Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado.
Guy de Maupassant (1850-1893) Escritor francés.

O eso dicen…
¿Alguno tiene una mano roja marcada en la cara?

14 de agosto de 1945. El emperador Hirohito anuncia por la radio que acepta los términos de la Declaración de Postdam, lo que implica la rendición incondicional de Japón, y por tanto, el final de la II Guerra Mundial.
El delirio de las madres. Miles de personas se echan a la calle para celebrarlo en el país de las barras y las estrellas, barrenderos que bailotean alrededor de una escoba, abogados indecisos, con las manos en sus propios bolsillos, carpinteros de buena madera, alcaldes de garganta profunda, niños felices que no saben lo que es una consola ni un móvil, ancianos sabios y octogenarios que no aprendieron nada en toda su maldita vida, vendedores despechados, profesoras que estrenan sonrisa…
Y marineros y enfermeras…
Por supuesto.

Alfred Eisenstaedt, alemán de origen judío que emigró a los EEUU en 1935, tomaba imágenes del desfile de Times Square. Alegría desenfrenada. Lágrimas jubilosas. Lo típico. Un marinero que caminaba detrás de él, no paraba de besar a las chicas. Un Don Juan apasionado, sí señor. Alfred miraba de reojo. Y cuando se encontraba justo al sur de la calle 45, vio una mancha blanca a su lado, se dio la vuelta y disparó cuatro veces su Leica M3. Había retratado sin saberlo uno de los besos más famosos de la historia. La foto fue publicada 13 días después en la revista Life.

“I was running ahead of him with my Leica looking back over my shoulder… Then suddenly, in a flash, I saw something white being grabbed. I turned around and clicked the moment the sailor kissed the nurse.”
Alfred Eisenstaedt

Un gran marinero puede navegar aunque sus velas sean de alquiler. Los lobos de mar ya han demostrado a largo de la historia de lo que son capaces. Uno de sus grandes pasatiempos en las noches prohibidas del paraíso, cuando atracaban en puertos de islas exóticas, era besar hermosas mujeres…
Y no tenían que ser necesariamente las suyas…

Este beso no sólo fue congelado por Alfred, Victor Jorgensen también estuvo allí. Pero no es igual, son fotos muy diferentes a pesar de su notable parecido…
¿No?
A mi juicio Alfred demostró ser mejor fotógrafo, o estar más inspirado, aunque podéis opinar…
El teniente Jorgensen, fotógrafo de la Armada estadounidense, captó la escena desde otro ángulo, con un encuadre ligeramente distinto. La diferencia es la composición. Que no es poco. Aún así la fotografía fue publicada pocos días después en el New York Times. Casi nada.

Kissing the War Goodbye, Victor Jorgensen.

El beso es el único idioma universal. Si no contamos el fútbol…
Y como nadie apuntó los nombres de estas dos celebridades desconocidas, hubo muchos estadounidenses que aseguraron dominar ese lenguaje.
Más de 20 hombres y varias mujeres. Todos coinciden es en que no conocían a su partenaire. El marinero pasaba por allí, vio a una guapa joven, y la besó. La enfermera fue abrazada por un marinero y se dejó besar. Ninguno de ellos volvió a saber del otro. La revista Life mantiene que no puede confirmarse quienes son los protagonistas. Oficialmente. Pero parece ser que la fémina es Edith Cullen Shain, de 27 años por aquel entonces. En agosto de 1980 se publicó un artículo sobre ella, ilustrado con unas fotos realizadas para la ocasión por el propio Eisenstaedt. Sin embargo, la identidad del fogoso marinero sigue envuelto en sombras. Life ofrece un listado de los once nombres que considera posibles candidatos, y que llevan décadas afirmando ser el protagonista masculino de la historia…

Uno de ellos, George Mendonsa, visitó hace unos pocos años el Mitsubishi Electric Research Laboratories de Cambridge, donde digitalizaron su rostro y lo sometieron a algoritmos de “rejuvenecimiento”. Los técnicos del laboratorio afirman que el resultado es idéntico al joven de la foto. Parece un candidato serio…

Por otro lado, el forense Lois Gibson de Houston, basándose en estudios fotográficos y de la estructura ósea, afirma estar convencido de que el marinero es Glenn McDuffie, quien ha llegado a someterse a detectores de mentiras para sostener su afirmación. También me convence…

En los últimos años, un policía retirado, Carl Muscarello, ha ganado cierta notoriedad reclamando ser el protagonista, e incluso repitió la escena con Edith Shain 50 años después en una sesión fotográfica, y aparecieron juntos en un programa de televisión. Un policía retirado…
Ejem…
Quién sabe…

Y para no dejar fuera Internet, un tal Ken McNell ha montado una página web desde la que afirma ser el desconocido marinero. Seguro que es éste…
No hay dudas, si lo pone en Internet…

Estos hombres esperaban en Manhattan a los barcos que les llevarían de regreso a casa y recuerdan que, mareados por el alcohol, se embarcaron sin tener ni idea de que alguien había fotografiado a uno de ellos mientras daba el beso a la enfermera. Casualidades del destino…
Con estos datos, yo miraría cuántos nacimientos hubo 9 meses después, parece que había algo raro en el aire…

Desde el 2004 se conmemora el beso en Times Square, donde cada 14 de agosto, docenas de parejas, muchos de ellos ataviados con el típico gorrito de marinero, qué originales, se besan alrededor de la estatua realizada por J. Seward Johnson que representa el momento inmortalizado por Eisenstaedt, e incluso Edith Shain ha estado presente alguna vez. La estatua, titulada “Unconditional surrender” (Rendición incondicional), se exhibe durante varios días en la calle donde se realizó la fotografía.

“Por supuesto que le dejé besarme, porque había estado en la guerra, luchando por todos nosotros, y realmente me sentí feliz de hacerlo”, confesó Edith seis décadas después…

Tras su etapa como enfermera durante la contienda, Shain se convirtió en una profesora de escuela, en California, donde se casó y tuvo tres hijos.

Dos amantes fugaces. El ruido de un beso no es tan retumbante como el de un cañón, pero su eco dura mucho más…
Dura tanto, que a veces olvidamos la cara de quien nos lo dio…

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XIV

Burning Monk (1963) - Malcolm W. Browne, USA, The Associated Press.

Thich Quang Duc era un monje budista. Su monasterio estaba a las afueras de Huế, la antigua capital de Vietnam. Una bella ciudad de Vietnam del Sur a orillas del legendario río del perfume. Era un hombre de carácter afable y muy tranquilo. Para él, la tradición era lo primero…
Y sin embargo, no os habrá resultado muy complicado deducir que es el protagonista de esta escalofriante foto. La estrella que se apagó en la oscuridad de un país sin libertad. Murió para protestar por la represión que la administración del Primer Ministro Ngô Ðình Diêm estaba llevando a cabo en contra de la religión budista. Y se quejó ardientemente. Aunque no movió ni un músculo, ni gritó. No dejó escapar ni un solo sonido mientras se quemaba…
Pero nadie podrá decir que no se le oyó…

Thich Quang Duc, nació en 1897, fue un monje budista vietnamita (también llamados bonzos, de ahí la famosa frase…) que se inmoló en una calle muy transitada de Saigon el 11 de junio de 1963. Su acto de inmolación, que fue repetido por otros monjes, fue el más recordado, entre otras cosas, porque uno de los presentes fue David Halberstam, un reportero del New York Times que escribió lo siguiente:

“Estaba viendo de nuevo la señal, pero una vez fue suficiente. Las llamas estaban surgiendo de un ser humano; su cuerpo fue marchitándose lentamente, su cabeza se ennegrecía. En el aire había un olor a carne humana quemada; el hombre se quemó sorpresivamente rápido. Detrás de mí pude escuchar el sollozo de los Vietnamitas que estaban ahora en la entrada. Estaba demasiado sorprendido para llorar, demasiado confundido para tomar notas o hacer preguntas, además desconcertado para inclusive pensar… Mientras se quemaba él nunca movió un músculo, nunca pronunció un sonido, su calma exterior en agudo contraste con la gente que se lamentaba alrededor de él.”

Thich Quang Duc, como ya he dicho, estaba protestando contra la manera en la que la administración del Primer Ministro Ngô Đình Diệm oprimía la religión budista en su país. Los budistas exigían unos derechos mínimos, ninguna locura. Aunque no todos pensaban lo mismo que yo en aquel país, obviamente…
Querían levantar la prohibición sobre las banderas budistas, pedían la asignación de los mismos derechos que el catolicismo, parar la detención ilegal sobre los budistas, compensar a los familiares de las victimas y enjuiciar a los responsables. En resumen…
Ninguna locura, aunque Thich tuviera que parecer un rebelde o un loco para obedecer a su conciencia, a sus ideales. O simplemente para reclamar un poco de justicia…

El suceso ocurrió en la intersección de las calles ‘Phan Đình Phùng’ y ‘Lê Văn Duyệt’. Cambiaron el nombre de estas calles en 1975. Cuando Saigon pasó a llamarse Ho Chi Minh. Ahora son ‘Nguyễn Đình Chiểu’ y ‘Cách Mạng Tháng Tám’. Parecía un día cualquiera, uno más. El sol iluminaba los puestos callejeros, los tenderetes ambulantes y resplandecían las viejas bicicletas de los vietnamitas. Y ahí estaba casualmente, Malcolm W. Browne. A la caza de la mejor fotografía. De pronto, un automóvil frenó en medio de la calle. Un Austin azul. Bajaron tres monjes. Uno de ellos era Thich, quien tomó la tradicional posición del loto en medio del cruce. En la mano llevaba una caja de fósforos. Los otros dos, mientras tanto, lo rociaban con gasolina. Y entonces ocurrió. Los dedos del monje causaron una chispa que no tardó en transformarse en una llama asombrosa. Los testigos y la cámara de Malcolm asistían atónitos. Apocados. Nadie trató de apagar el fuego, quedaron paralizados ante el pacífico monje que parecía una estatua, no movió ningún músculo de su cuerpo. Sabía que las tradiciones no se heredan, se conquistan…

El automóvil Austin azul claro en el que llegó a Saigon para cometer su acto de inmolación se conserva en la pagoda ‘Thien Mu’.

Después de su muerte, su cuerpo fue cremado conforme a la tradición budista. Durante la cremación su corazón se mantuvo intacto, sorprendentemente, por lo que fue considerado santo y su corazón fue trasladado al cuidado del Banco de Reserva de Vietnam como reliquia.

Madame Nhu, primera dama de Vietnam en ese tiempo, comentó con respecto a este acontecimiento que ella “aplaudiría por ver otro espectáculo en el cual un monje se convirtiera en barbacoa”. Desde ese momento se la conoció con el pseudónimo de la “Dama Dragón”. Algunas personas vienen con defectos de fábrica incorregibles…

El primer álbum musical de la banda de rock de los 90’s Rage Against the Machine utilizó la imagen de la inmolación de Thich Quang Duc en la portada.

Thich Quang Duc en ningún momento pensó en la gran repercusión mediática que podría tener su actuación, pero la tuvo. Y como ocurre con todo lo que se hace célebre, aunque parezca mentira, salieron imitadores…
El 11 de noviembre de 1983 Sebastián Acevedo, un minero chileno, se quemó a lo bonzo en los escalones de la catedral de Concepción, Chile para protestar por la desaparición de sus hijos a manos de la policía.
El 27 de agosto de 2007 un hombre que se cree que tenía problemas mentales se quemó a lo bonzo en la Plaza Roja de Moscú, cerca del Kremlin.
El 4 de septiembre de 2007 un ciudadano de origen rumano se roció con gasolina y se prendió fuego ante la Subdelegación del Gobierno Español en Castellón de la Plana. El hombre que sufrió quemaduras en el 70% de su cuerpo, murió el 19 de septiembre en el Hospital La Fe de Valencia.
El 7 de diciembre de 2007 una mujer senegalesa se quemó a lo bonzo ante la Alcaldía de Roma en presencia del presidente de su país, Abdoulaye Wade, en lo que fue interpretado como un gesto de protesta contra él…

Más adelante Thich Nhat Hanh, un maestro zen, explicó a su manera la acción de Thich Quang Duc. No era un suicidio sino una inmolación. Un suicidio es una victoria para el enemigo mientras que la inmolación es una protesta activa. A lo que añadió muy serio. El enemigo no era el hombre, era el fanatismo, el odio, la discriminación…
La foto de Thick Quang Duc inmolándose corrió más rápido que la pólvora, ese mismo día estaba en el escritorio del presidente de los Estados Unidos. JFK. Kennedy, el niño bonito de América, había ayudado al represor católico Diem a llegar al poder. Una mala idea. Horrorosa. Pero habitual en la historia de la política. Pensó que era el mejor modo de impedir que el país cayera bajo el control comunista.
Finalmente, Thich Quang Duc consiguió derrotar el régimen del primer ministro Diem, que acabó cuatro meses después. En Noviembre de 1963. Pero no sólo eso, también cambió la percepción de la opinión pública mundial acerca del Budismo, lo que contribuyó decisivamente a su propagación.
A comienzos de 1964, Malcolm W. Browne ganó el premio Pulitzer a la mejor fotografía periodística del año. Un trofeo que sumó al prestigioso World Press Photo.
Pese al éxito, este fotógrafo no pudo ocultar su arrepentimiento por no haber hecho nada por el monje.
¿Os recuerda a alguien?
Un proverbio italiano dice que del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento…
Que cada uno saque sus propias conclusiones. Y que tome sus propias decisiones. Pero que sean acertadas, o nos uniremos al club de los arrepentidos…

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS V

Eddie Adams (1933-2004), USA, The associated Press. 1968

La primera virtud del fotógrafo es estar ahí, en el lugar y en el momento exacto en el que se produce la noticia.
Y Eddie cumplió la máxima…
Ahí estaba…

Esto es la guerra. Fuera velos Hollywoodienses. Aquí tenemos una de las pruebas más escalofriantes. Pero también puede hacernos reflexionar acerca de otra cosilla….
“Una imagen vale más que mil palabras”…
¿De verdad? ¿Puede una imagen por sí sola mostrar la realidad tal cual es?
Yo creo que hay que situarla, conocer el contexto histórico, social, cultural, familiarizarse con los protagonistas…

En una guerra se producen casos así continuamente, es muy habitual. De hecho, tratan de que no haya fotógrafos presentes…
No nos engañemos, la crueldad que vemos sólo es el primer plato…
Como dice Woody Allen, en una guerra sólo podría ser prisionero. Yo nunca apretaré el gatillo para asesinar a alguien que piense diferente, no crucificaré a nadie en nombre de la patria, ni por una bandera. Y si me obligan a hacerlo, lo tendré claro, habrá que huir…
Seré el cobarde que escriba quién ganó la batalla cuando todos estén muertos…
Pero…

Las guerras nos vuelven inhumanos, terminan embruteciendo a la gente. Aparecen animales incontrolados que días antes nos saludaban con una sonrisa. Y ahora sólo enseñan los colmillos. No todos acabamos así, pero sí demasiados…

Esta terrible fotografía fue tomada el 1 de febrero de 1968. Y ganó el Pulitzer en 1969. Es un documento histórico, uno de los iconos de la Guerra de Vietnam (1959-1975), considerada también como la Segunda Guerra de Indochina, un conflicto entre Vietnam del Sur, apoyado por Estados Unidos hasta su retirada en 1973, y Vietnam del Norte, apoyado por el Bloque Comunista. Eran los años de la Guerra fría.

El hombre que sostiene la pistola es el general Nguyen Ngoc Loan, General en Jefe de la Policía de Vietnam del Sur. Al que le apuntan es un prisionero del Vietcong, recién capturado por el general. Loan improvisó un juicio sumarísimo contra Nguyen Van Lem, se acercó y le disparó un tiro a quemarropa en la sien.
La imagen no tardó en convertirse en un emblema antimilitar. Movimientos pacifistas asumieron la estampa como representación de la brutalidad de una guerra sin sentido, como todas las guerras civiles estaba degenerando en un bucle de venganzas sangrientas, ejemplificaba todo lo que iba mal en Vietnam, el ejército de los EEUU era incapaz de controlar a sus aliados de Vietnam del Sur, tan desalmados como su enemigo, Vietnam del Norte, y utilizaron la foto de Adams como arma arrojadiza contra el gobierno. Dicen que ésta, y las muchas imágenes similares que llegaban desde Vietnam, consiguieron que Lyndon Johnson no permaneciese dos legislaturas en el poder.
Lo más impresionante de esta instantánea es que fue captada justo en el momento del disparo. Si se analiza la fotografía a buena resolución, puede verse la bala saliendo del cráneo… Una fotografía desgarradora. Y no solo existe la foto, también existe un video…

Todo ocurrió durante la “Ofensiva del Tet”. El Vietcong acababa de matar a 34 personas.
Los dos bandos infiltraban efectivos en las líneas enemigas; de acuerdo con fuentes policiales, abundaban los escuadrones paramilitares que buscaban la venganza.
Nguyen Van Lem comandaba uno de estos escuadrones. Según las noticias de inteligencia, había ajusticiado a policías e incluso a sus hijos y esposas en los días previos al 1 de febrero de 1968, entre ellos, a un amigo del general Loan. Y no sólo eso, para comprender mejor al general, deberíamos saber que también había asesinado a la esposa y a los seis hijos de su amigo.

This interpretation long dismayed Mr. Adams, who accepted General Loan’s contention that the man he shot had just murdered a friend of his, a South Vietnamese army colonel, as well as the colonel’s wife and six children. “How do you know you wouldn’t have pulled the trigger yourself?” Adams would later write in a commentary on the image.

Tras la difusión mundial de la foto, The associated Press mandó a Adams que acompañase al general Loan, lo que le hizo cambiar de opinión acerca de él.

“Este tipo es un héroe. Combatía en nuestra guerra, por su pueblo. Había ayudado a construir un hospital en Saigón. Acababa de asistir a la masacre de varios de sus compañeros”.

Adams no estaba de acuerdo con la interpretación obvia de su foto y esto le hizo víctima de la fama de su obra más conocida el resto de su vida:

“El general mató a un Vietcong con la pistola. Yo maté al general con mi cámara fotográfica. La fotografía es el arma más poderosa del mundo. La gente se las cree, pero las fotos mienten, incluso sin ser manipuladas. Sólo son medias verdades.

Lo que la fotografía no preguntaba era ‘¿Qué hubieras hecho tú de haber sido el general en aquel momento y de haber sido tú el que capturó al supuesto tipo malo después de que hubiera volado por los aires a uno, dos o tres soldados americanos?”

Durante el resto de su vida, Adams pidió perdón al general Loan y a su familia por los daños causados. Loan acabó mudándose a los Estados Unidos, pero siempre fue víctima de aquella imagen y no tuvo mucho éxito en los negocios que emprendió, pues siempre era relacionado con el fatídico momento. Adams, harto de sus años como corresponsal de guerra, se reconvirtió en fotógrafo del mundo rosa.

Cuando el general murió, en 1998, Adams envió flores a su familia y una nota: “Pido disculpas, mis ojos están llenos de lágrimas”.

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS IV

Hoy vamos a conocer o a repasar unos de los símbolos internacionales del París romántico de mediados del siglo XX.

El beso (Le baiser) - Robert Doisneau (1950)

¿Os gusta, os atrapa? ¿ Has puesto carita de cordero degollado cuando la has estado mirando?
Tengo una guillotina que nunca he utilizado y que resultaría mucho más auténtica llena de sangre… Jejeje..
En serio, ¿Tienes envidia? ¿Crees que Doisneau quiso retratar un hecho concreto y definido o piensas por el contrario, que hay algo más, que desnudó a los protagonistas, que esta foto encarna ese concepto abstracto al que no seré yo quien ponga nombre?
Ay…
Que sensibles…
En 1950, la revista Life encarga a la agencia RAPHO donde trabajaba Robert, un reportaje sobre los amantes de París. Así surgió “Besos” y su obra más significativa: El beso del Hôtel de Ville. El trabajo recorrió toda Francia con gran éxito, y le abrió las puertas del triunfo. En 1951 expuso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Veamos cómo encontró Robert la inspiración…
Un dia entró en un bar, se encontraba derrotado, cansado de buscar una perla en el Himalaya. Restregaba su cara con esas manos expertas, brioso y saturado, cuando entrevió una pareja que se besaba apasionadamente en el fondo. Como buen fotógrafo, sus ojos no se dejaban cautivar por el movimiento, lo capturaban. Y esa foto impagable, que se perdió para siempre el 1 de abril de 1994, encuadraba un oscuro rincón de la ciudad de la luz. No titubeó, fue a hablar con ellos, se trataba de Jacques Carteaud y Françoise Bornet, dos estudiantes de arte dramático. Les pidió que posaran para una foto frente al Hotel de Ville, una foto que debía parecer tan casual como fueran capaces…
Y no sé si fue por su precisión artística o por la ardiente y espontánea actitud de la pareja, pero la verdad es que el resultado fue tan extraordinario que arrastraron la farsa hasta un zulo, donde estuvo secuestrada durante años…

El día siguiente del singular encuentro, el amanecer sorprendió a Robert Doisneau con la bombilla encendida. Ya tenía la nueva fotografía revelada en su cabeza, había estudiado al milímetro todos los parámetros necesarios, ya sabía cuál sería la composición, la luz, las sombras, había tomado la decisión de difuminar el fondo, tenía a los protagonistas perfectos, el lugar no podía ser más adecuado…
Se besaron delante de los turistas, obviándolos, embebidos en esa sencilla burbuja invisible que los convertiría en viajeros temporales. La foto quedó como un beso robado.

Se exhibió por todo el mundo, y muchos años después, varias personas juraron ser los protagonistas. Para pedir los derechos de autor, claro. Asi fue como aparecio Françoise Bornet y Doisneau no puedo negar la evidencia.

¿ Se casaron Francoise y Jacques? ¿Vivieron felices y comieron perdices? ¿Cuántos hijitos nacieron de esa relación tan “mona”?
“Oh, solo fuimos amantes siete u ocho meses” contó Francoise tiempo después…
¿Una decepción? No, sólo una gotita de realidad en esa atmósfera de cuento de hadas que se había creado…
Doisneau les entrego una foto firmada a cada uno, y hace no mucho, Francoise subastó la suya en 155.000 euros.

¿Puede una mentira o una verdad a medias restar romanticismo a una fotografía? ¿Merma su autenticidad? ¿Podemos hablar de “tomadura de pelo”? ¿ Es cursi o romántico? ¿Cuál sería la diferencia en este caso? ¿No os sigue pareciendo una gran foto a pesar de todo? ¿No os entran ganas de dar un beso de esos?
Ay…
Voy a comerme una media luna de chocolate…

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS

Cargado originalmente por austerleigh

Fuente y copyright: www.worldpressphoto.org

Hola, queridos y anónimos lectores…

¿Qué os sugiere? ¿Qué importancia tuvo en el desenlace de aquella odiosa guerra? ¿Sirvió para algo? ¿Conocéis bien la historia? ¿Qué sentís? ¿Qué podemos hacer para que nunca vuelva a repetirse?

Es una fotografía muy famosa, sí. De las más impactantes que he visto nunca, una imagen inolvidable…

Espero que esta colección fotográfica que emprendo hoy de una forma tan sobrecogedora, consiga darnos a conocer algunas de las mejores fotografías de la historia. Y demostraremos que éste, también es un arte capaz de remover sentimientos, y que no sólo sirve para mostrar a los amigos nuestro último viaje a Túnez, o para las coloridas portadas del Marca. Habrá fotos brutales, que me han zarandeado el estómago, y otras en cambio, serán tiernas y relajantes, algunas destacarán por su valor histórico, otras por su belleza artística y otras por las anécdotas, los testimonios o los trágicos sucesos que esconden. No me engaño, mi criterio no tiene por qué coincidir con el vuestro, algunas os parecerán malísimas a pesar de sus innumerables premios, pero sé que otras las interiorizaréis para siempre, porque muchas de ellas, es indudable, destapan del tarro de nuestras esencias, fragancias impregnadas de magnetismo y de repulsión…

En fin, aquí comienza esta dramática historia, que desgraciadamente sucedió en la realidad…

Situémonos…

8 de Junio de 1972.
Phan Thi Kim Phuc, en el centro, corre de la escena donde los aviones de las tropas sudvietnamitas han lanzado Napalm, en Trangbang, Vietnam del Sur.

Las palabras del fotógrafo, Huynh Cong ‘Nick’ Ut.:

” Quiero que cuando la gente vea esa foto entienda que no quiero más guerras en el mundo. Hay que acabar con las guerras. No debe haber más fotos de quemaduras de napalm. No sólo hablo de la guerra de Vietnam. No debe haber ninguna guerra. “

El fotógrafo es el vietnamita Nick Ut, de AP y ganador de un Pulitzer. Después de sacar la foto llevó a Kim a un hospital sudvietnamita, desde donde la trasladaron al Hospital Barsky. Allí pasó 14 meses recuperándose.

Nadie esperaba que Kim Phuc sobreviviese. Tenía quemaduras de tercer grado que cubrían la mitad de su cuerpo. Necesitó muchas operaciones y años de terapia. Tras dos años de sufrimiento y lucha, volvió a su aldea. Fue un milagro.

A los 10 años de tomarse esta fotografía, un fotógrafo alemán encontró a Kim. El gobierno la había sometido a interminables entrevistas y funcionarios comunistas la habían llevado a la ciudad de Ho Chi Minh para que apareciese en películas propagandísticas. Había sido obligada a dejar la escuela y volver a su provincia en la que, como “símbolo nacional de la guerra”, estaba sometida a una supervisión cotidiana.

En una entrevista para la BBC de Londres, Nik Ut recordó ese momento: “ Empecé a ver columnas de humo y mucha gente que corría. Vi a una señora que corría y pedía ayuda con un bebé muerto en sus brazos. Entre el humo negro vi a Kim Phuc que corría gritando “ nam ua, nam ua” (demasiado caliente) y tomé muchas fotografías”. Nik cuenta que dejó su cámara a un lado, pensando, “ no quiero que muera”, levantó a la niña y le dio un poco de agua, la cubrió con una manta y la llevó al hospital en su coche. Después fue hasta su oficina y se puso a revelar las fotos. Cuando apareció, nítida, la imagen de Kim Phuc corriendo, se llevó las manos a la cara: “ ¡Dios mío, es una gran foto!”. No tardó en hacérsela llegar a su editor. Pero éste pensó que no iba a poder publicarse, ya que en esa época no se permitían fotos con desnudos frontales. Sin embargo, cuando llegó Horst Faas, el jefe de la oficina, y vio la imagen, les dijo: “ Enviemos esta foto inmediatamente, ahora mismo, no me importa lo que digan”. Para Nik Ut, esa foto tuvo un gran impacto, y aún hoy la gente habla de ella, mientras su autor, que va todos los años a Vietnam, comenta que allí la gente le dice: “ Nik, tu foto cambió la guerra”.

La niña de la fotografía, Kim Phuc, actualmente vive en Toronto (Canada) y además de ser embajadora de la UNESCO, preside la “Fundación Kim Phuc”, dedicada a ayudar en todo el mundo a niños víctimas de la guerra.

Kim Phuc: “ Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños. Cuando veo esa imagen una y otra vez, agradezco a Dios que el tío Nik congeló ese momento de la historia con su fotografía, y permitió que las próximas generaciones vieran lo que puede ser el horror de la guerra”.