COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XXXVII

Tony Bonanno – Hooves and Dust

La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad.
Simone de Beauvoir (1908-1986) Novelista e intelectual francesa.

Y admirando estas fotografías, vuelvo a quedarme sin palabras. Son de tal belleza, que te transportan a un mundo feliz. Durante unos pocos segundos…
Los nobles corceles galopan poderosos y libres, hasta que el lazo rodee su vigoroso cuello, levantando una asombrosa polvareda que pervierte el paisaje. Lo transforma en un sueño.
Decía Da Vinci que el ojo recibe de la belleza pintada, el mismo placer que de la belleza real, pues tenemos suerte. Esto debe ser el sumun, la fusión de lo real con el arte.
Me pasaría horas, sentado en lo alto de algún peñasco, contemplando deslumbrado cómo frenan y aceleran estos caballos, que como Espartaco, se afanan en fugarse, aunque en el fondo, estoy seguro que perciben su desdichado final. Muy entretenido, sí. Hermosa estampida. No echaría de menos ni el IPod…
Tony tuvo la oportunidad de fotografiarlos en un rancho de Oregón, corría el año 2005, hace tres días, como quién dice. Vivió en una cabaña, comiendo con los vaqueros que cumplían con su trabajo, esos cowboys de anuncio de Marlboro, que posiblemente, hayan dejado de fumar…
Tony Bonanno creció en Washington, pero ahora vive en Santa Fe, en México. Curioso viaje. Y ya que he empezado a pensar…
¿La belleza es un estado de ánimo o provoca estados de ánimo?
¿Sabemos recrearnos en lo bello o tendemos a ver su parte negativa?
¿Por qué siempre queremos poseer lo bello?
¿No estamos asistiendo a un maravilloso espectáculo en suspenso?
¿Son fotografías o es cine?
Yo escucho cascos de caballos, lo prometo, y algún relinche de vez en cuando…
¡Otro cocktail Margarita, camarero!

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XXXV

Edward S. Curtis – Red Hawk at an Oasis in the Badlands (1905)

Edward Sheriff Curtis (1858 – 1952) fotografió al Jefe Sioux Ogala mientras su caballo bebía en un oasis hace poco más de un siglo. El color sepia aporta ese aire legendario que hoy en día atribuimos a aquellos pobladores indígenas que lucharon a vida o muerte por defender sus tierras. Una imagen muy bella, que demuestra el respeto que Curtis profesaba por los indios, cabeza alta, rebosante de dignidad, orgulloso de sus raíces, un trato muy diferente al que estaban acostumbrados a recibir por parte de los pieles blancas…
Curtis trabajó más de 30 años documentando la vida, costumbres, mitos, hábitos, religión, lengua…
Se interesaba por todo lo que rodeaba a las tribus americanas. Quedó fascinado. Poco a poco, fue siendo aceptado como uno más. Gradualmente. Quería ganarse la confianza de los indios, pero debía demostrar que nunca los traicionaría. Permitió que sus nuevos amigos aprendieran a reconocer sus huellas, al tiempo que su deslumbramiento inicial, se convertía en un afecto duradero y fiel…
Incluso le permitieron participar en rituales secretos. Rituales como por ejemplo, uno en el que después de 17 días de ayuno, los guerreros danzaban al son de los tambores, con el cuerpo pintado y tapados sólo con un taparrabos. Y eso no era lo peor…
¡Sosteniendo una serpiente cascabel viva mordida con su boca!
Se dice, cuenta la leyenda, que Curtis, fue uno de los pocos, quizás el único blanco, al que los indios americanos, los chamanes más concretamente, uno de los pocos, decía, al que permitieron conocer “El Gran Misterio”, el Manitú.

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS XXV

San Ysidro, California, Arrest of border crossers (San Ysidro, California, arresto de los que cruzan la frontera), 1979 – Alex Webb

Pocos son entre los hombres los que llegan a la otra orilla; la mayor parte corre de arriba a abajo en estas playas…
Buda (563 AC-486 AC)

Parece mentira que una cita de Buda tenga tanta vigencia en un contexto tan diferente. Evidentemente, la orilla a la que se refería el que nació con el nombre de Siddhārtha Gautama, no está en la frontera entre México y Estados Unidos. Pero los espaldas mojadas también buscan una vida mejor, ¿no?
Quieren disfrutar del nirvana, pero si es posible, sin pasar hambre. Buscan despejar sus sentidos y arrinconar las preocupaciones que no les dejan vivir plenamente…

“Un lugar de continuo tránsito por el que cruzan constantemente en ambos sentidos emigrantes, turistas, trabajadores, compradores y contrabandistas, siempre en busca de algo, siempre dirigiéndose hacia el otro lado”

Es una fotografía dura, y sin embargo, irónicamente onírica. Aquí conocemos “bien” los riesgos y los padecimientos de los emigrantes, y no porque cada día veamos en los telediarios pateras que naufragan olvidando en el fondo del mar miles de cadáveres, que son la causa verdadera de que suba el nivel del mar. No. Hace no muchos años, nuestros padres o abuelos tuvieron que buscarse la vida en tierras extrañas. No deberíamos olvidarlo…
El fotógrafo estadounidense Alex Webb (San Francisco, California, 5 de Mayo de 1952), el autor de esta fotografía, es miembro de la agencia Magnum desde 1976 y habitual de Life o National Geographic. Durante más de 25 años plasmó su fascinación por la frontera entre México y Estados Unidos. Un territorio de unos 3.200 kilómetros, desde Matamoros a Tijuana, donde se desarrolla la tragedia de la inmigración clandestina. Su obra captura la angustia, las paradojas, el desamparo…
Estudió Historia y Literatura en Harvard y Fotografía en el Carpenter Center for the Visual Arts. Harvard…
Según Alex, esta zona fronteriza está “culturalmente entretejida” y constituye un tercer país, “Aunque un río, una valla o una alambrada lo dividan tajantemente, sigue siendo uno”.
En la fotografía vemos cómo la migra (policía norteamericana antiinmigración) que suele acudir en coches y helicópteros para arrestar a los inmigrantes, realiza una detención. A mí me da la impresión de que el chico de la camisa granate adopta la posición de un Jesús crucificado. Vale, no soy tonto, deja que me explique, sé que levanta los brazos porque lo han capturado y le están cacheando…

Ay…

Dios, no sé si estaré viendo fantasmas…