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Nadie avisó. Más tarde o más temprano Todo lo que me importa está lejano. Me dijeron vivir a quemarropa: Todo lo dispusieron: hambre y guerra,
Manuel Alcántara |
Septiembre 28, 2009 a 2:55 pm (General, Literatura)
Tags: carnet de identidad, cultura, genio, Literatura, Manuel Alcántara, poema, Poesía
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Nadie avisó. Más tarde o más temprano Todo lo que me importa está lejano. Me dijeron vivir a quemarropa: Todo lo dispusieron: hambre y guerra,
Manuel Alcántara |
Septiembre 16, 2009 a 5:04 pm (General, Literatura)
Tags: Charles Bukowski, Chinaski, cultura, Literatura, Pájaro azul, poema, Poesía
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?
hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?
Versión de Rafael Díaz Borbón de un poema de Charles Bukowski
Agosto 1, 2009 a 4:05 pm (General, Literatura)
Tags: Ángel González, cultura, La vida en juego, Literatura, poema, Poesía
Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde pongo la fe, me pongo en juego.
Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.
Si sale amor, la primavera avanza.
Ángel González
Julio 29, 2009 a 10:45 am (General, Literatura)
Tags: Andrés, Buen viaje, cuento, cuentos, cultura, entretenimiento, escapó, Finisterre, folletín, Glo, globo, globos, Gorka, Iriondo, libro, Literatura, llorar, niño, personal, relato, Sentimientos, Sevilla, textos
El niño lloraba desconsolado.
Se le había escurrido el globo de helio de entre sus pequeños dedos. Un segundo de distracción, para recoger una piedra del suelo, había sido suficiente para que se produjera el gran desastre. Y ahora, el pobre globo desventurado, volaba rumbo a las escasas nubes que vestían el obsceno cielo sevillano…
Los cándidos ojitos del chiquillo, vidriosos y desesperados, seguían atónitos la ascensión de su amigo, observaba con un nudo en la garganta, incapaz de articular palabra, ni gritos lastimosos. Qué tristeza, qué desconsuelo podía verse en su carita inocente. Se llevó las manos a la cabeza, quiso mirar a su alrededor buscando ayuda, pero antes tuvo que secarse las lágrimas con el antebrazo. Nadie se había percatado de la catástrofe, seguían cotorreando y riendo, ajenos al vacío que se había apoderado de Andrés…
A sus 4 añitos, descubría por primera vez un sentimiento que le acompañaría a lo largo de su vida. Qué angustia, qué opresión en el pecho. El globo, arrastrado por el viento, se avistaba más lejos cada segundo, volaba más y más alto, un parpadeo, era suficiente para sentirlo aún más inalcanzable…
Así que el crío decidió no parpadear.
¡Era el fin! ¿Qué sería de él?
¿Llegaría a la luna, después de atravesar la atmósfera terrestre? ¿Aterrizaría en el planeta de los globos perdidos?
Pobre…
Y no era un globo cualquiera. No. Andrés lo había elegido. El vendedor de globos le enseñó más de 50, pero Andrés se encaprichó de ese globo verdiblanco, que no se veía a simple vista, que se suspendía en el aire oculto por otros más llamativos.
Con todo, sus astutos ojitos no se habían dejado engañar. Esas esferas de goma horteras, que atraían a otros niños de su edad, eran invisibles para él. Sus pícaros ojitos descubrieron lo que andaba buscando, aunque hasta ese día no supiera que lo buscaba. Encontró el mejor globo, y no por ser bético, pues Andrés era del Barça, como su padre, por ser especial. Fue un flechazo, amor a primera vista, y por tanto, inexplicable, lo sentía en su interior. Nada más verlo, Andrés esbozó una tímida sonrisa, y señaló con ese entusiasmo que sólo se puede encontrar en los niños, el objeto de sus deseos.
¿El objeto?
No, puede que los demás vieran un objeto, pero él veía un amigo.
¡Con qué alegría había paseado, llevando a su lado el globo verdiblanco! ¡Qué sonrisa de satisfacción! ¡Qué lleno se sentía! ¡Nada malo podía ocurrir, mientras ellos estuvieran juntos!
¡Era feliz!
Hasta que se agachó para recoger esa maldita piedra.
¿Y por qué? ¿Qué había motivado, que se agachara en busca de un trozo de adoquín? ¿Por qué su amigo estaba abocado a vivir una aventura que nadie había programado? ¿Era el destino? Sí, claro…
¡Andrés era un niño, pero no se había caído de un guindo!
El único destino posible en esta historia era Galicia. Menudo viaje le esperaba. El más allá. Finisterre.
Dios, qué lejos…
Ojalá un galleguiño de 4 años lo encontrara, pudiera cuidarlo, y disfrutar de él…
Ojalá, ojalá, ojalá. Pero que no se muera, que no explote…
¿Por qué?
Jo…
¿Por qué se fue?
Un pastor alemán al que Andrés ya había visto una hora antes cerca de la tienda de chuches, y que no le había gustado un pelo, se le había acercado al tran tran, como quien no quiere la cosa, disimulando. Y tras olisquear un poco sus ridículas zapatillas de mercadillo sin pedir permiso, creyéndose el rey del barrio, el emir de Sevilla, intentó morder a su amigo…
¡Quería pinchar el globo!
¡Por encima de mi cadáver!
Andrés había tratado por todos los medios de esconder a su compañero, incluso interponiendo su propio cuerpo, pero el perro saltaba una y otra vez, incansable, sus colmillos resonaban en el aire, no tardaría en hincar el diente a su globo verdiblanco si nadie hacía nada.
¡Y eso era un asesinato!
Por lo visto, sus padres no se percataban de la gravedad de la situación, inmersos en frívolas conversaciones con sus tíos, así que, alterado e impotente, no había tenido más remedio que defenderse por las bravas…
Se agachó en busca del pedrusco. Y fue entonces cuando sucedió la tragedia…
Soltó el lazo que sujetaba, para salvar in extremis al globo, de las garras del can. Un acto reflejo…
¿Había hecho bien? ¿Habría podido hacer otra cosa?
Él sabía que no. Fue un accidente inevitable.
Cada vez más pequeño, más alto, más lejano…
Jo…
Qué disgusto, Andrés observaba consternado mientras el globo de helio se perdía entre las nubes. Al fin, alguien borró el punto del cielo, esperando dibujar nuevas hebras de cabello blanco. Y justo en ese instante, Andrés dejó de gimotear. Contempló al chucho callejero. Después, sus manos vacías. Suspiró. Sintió rabia, odio. Sí, era un pastor alemán, pero para Andrés, ahora no era más que un chucho. El endemoniado perro sabía lo que había hecho, miraba al cielo sin perder de vista a Andrés.
Qué cara de tonto…
¿He sido yo?
¡Sí! ¡Has sido tú, miserable chucho!
Andrés cerró los puños, apretó los dientes, tenía que vengarse, aunque no supiera el significado de la palabra venganza…
No pudo reprimirse…
¿Y para qué iba a reprimirse?
¡Se abalanzó sobre el perro, en silencio, valiente como un kamikaze, mordiéndole una oreja! ¡Ñam!
Y apretó con todas sus fuerzas…
Una niña de 14 años que había observado el desenlace de la escena, rescató al perro, cogiendo en brazos a Andrés, que estalló en llanto nuevamente. Trató de consolarle, apretándole contra su pecho dulcemente y acariciando sus mejillas coloradas, pero el berrinche era de campeonato. Y justificado…
El pastor alemán escapó lloriqueando, quejoso, intentando infructuosamente lamerse las heridas, sin terminar de entender nada…
Cuando Andrés volvió en sí, miró al cielo, ese cielo que se había tragado a su amigo…
Los niños nunca pierden la esperanza…
Y entre dientes, la niña escuchó una frase, arrancada del corazón del crío, por su frágil voz…
- Buen viaje, Glo.
Mayo 18, 2009 a 1:46 pm (General, Literatura, Música, Videos, actualidad)
Tags: Antonio Vega, cultura, inmortales, Literatura, Mario Benedetti, Música, muerte, océano, océano de sol, Pasatiempo, poema, Poesía, video
PASATIEMPO
Cuando éramos niñoslos viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque un océano
la muerte solamente
una palabra.
Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
Mario Benedetti
Mayo 11, 2009 a 2:44 pm (General, Literatura)
Tags: Bukowski, Charles Bo¡ukowski, Chinaski, cultura, La historia de un sufrido hijo de puta, Literatura, poema, Poesía
Una noche llegó piel y huesos a mi puerta, mojado apaleado
temeroso
era un gato blanco bizco rabón
lo dejé entrar lo alimenté fue uno más en la casa
desarrolló hacia mí cierta cariñosa confianza
hasta que un buen día un conocido,
estacionando en mi cochera
pasó con su auto por encima del gato blanco bizco rabón
de inmediato llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo:
“no hay mucho para hacer, dale estas pastillas, su espinazo
está aplastado, pero fue aplastado anteriormente y de algún modo
logró sanar, si sobrevive no volverá a caminar, mirá
estas radiografías, le metieron un escopetazo,
mirá estos puntos oscuros
son perdigones enquistados, además, alguna vez tuvo una cola
y alguien se la cortó”.
me llevé el gato a casa, era un verano caliente, uno
de los más calientes en décadas, puse al gato en el piso del baño,
le serví agua, sus pastillas, no deseaba comer ni beber agua,
yo sumergía mi dedo en el agua, le humedecía la boca el hocico
y le hablaba, ese verano no fui a ningún lado, pasé muchos días
de ese verano en el baño hablándole, acariciándolo suavemente,
él me miraba con esos ojos que se le entrecruzaban
mientras tanto pasaban los días,
una tarde realizó su primer movimiento
arrastrándose con sus patas delanteras
(las traseras no querían moverse)
llegó hasta el rincón donde yo había preparado su cama
se arrastró un poco más y se dejo caer en ella,
fue para mí como el sonido de un clarín presagiando la victoria posible
aturdiendo el baño, desparramándose por la ciudad, yo
le conté entonces a ese gato, que la había pasado mal también, no tan mal,
pero bastante mal.
Una mañana se irguió, se paró sobre sus patas, cayendo luego de espaldas,
me observaba mansamente.
“lo podés hacer” le dije.
Él insistió, se levantaba y volvía a caer, una y otra vez,
finalmente
caminó unos pocos pasos, era la viva imagen de un borracho
sus patas se negaban a obedecerle, cayó nuevamente, descansó
y nuevamente se levantó.
Ustedes conocen el resto de la historia: está mejor que nunca,
bizco casi sin dientes, pero ha recuperado su gracia, y esa mirada
de sus ojos, pícara, no lo ha abandonado.
algunas veces me hacen entrevistas, ellos desean saber
de mi vida, de mi literatura,
yo me emborracho, alzo en brazos a mi gato
bizco, herido de bala, atropellado dos veces, rabón
y digo: “miren, miren esto!!!”
Ellos no entienden nada, insisto, nada de nada, preguntan
algo por el estilo de: “reconoce usted influencias de Celine?”
“no”, levanto mi gato, “por lo que sucede, con cosas
como ésta, como ésta !!!”.
Sacudo a mi gato, lo llevo
hacia la luz brumosa por el humo y el alcohol, está relajado, él sabe.
Este es el momento en que la entrevista finaliza
a veces me siento orgulloso cuando miro las fotografías
ahí estoy yo, ahí está mi gato, hemos sido
retratados juntos
él también comprende que son boludeces, pero que de alguna manera te ayudan.
Charles Bukowski
Mayo 11, 2009 a 2:16 pm (General, Literatura)
Tags: Charles Bukowski, Chinaski, cultura, Lasuerte no era para mí, Literatura, poemas, Poesía
Siendo medianamente joven me sentaba en los bares
poniéndome hasta las orejas
pensando en algo que pudiera
sucederme, quiero decir, intentaba con las damas:
“oye, muñeca, escucha, los vendedores ambulantes
lloran por tu belleza…”
o algo así.
ellas nunca volteaban, miraban hacia el
frente, justo hacia el frente,
aburridas.
“oye, muñeca, escucha, soy un
genio, ja, ja…”
calladas frente al espejo del bar, estas
mágicas criaturas, estas sirenas secretas,
de grandes piernas, estallando desde sus
vestidos, usando brillantes tacones como
dagas, pendientes, bocas de fresa,
sentadas ahí, sentadas ahí,
sentadas ahí.
una de ellas me dijo: “me
aburres.”
“no, muñeca, estás
atrasada…”
“oh, cállate…”
entonces entraba el galán, algún tipo
pulcro con traje, bigote de lápiz, corbata de moño;
delgado, ligero, musical, delicado
y tan sabihondo
y todas las damas comenzaban a llamarlo
por su nombre: “oh, Murray, Murray”
o algo así.
“qué tal, muchachas!”
siempre supe que podía derribar a uno de esos
jodidos pero eso difícilmente hubiese tenido relevancia
entre la suma total de cosas,
las damas simplemente se reunían alrededor de Murray
(o algo así) y continuaban ordenando
bebidas,
compartiendo la música de la sinfonola
y escuchando la risa de sus
bromas privadas
que yo difícilmente
podía
oir.
yo me preguntaba cuántas cosas maravillosas
me estaba perdiendo, el secreto de la
magia, algo que ellos conocían,
y me sentí otra vez como el idiota en el
patio de la escuela, a veces un hombre nunca sale
de ahí -queda marcado, uno se da cuenta con un
simple vistazo
y así
me excluían,
“soy el rostro perdido de
Jano,” (*) pude haber dicho en algún
momento de silencio.
para ser,
por supuesto
ignorado.
ellos enfilaban
hacia sus carros en el estacionamiento trasero
fumando
riendo
para alejarse
hacia una consumada
victoria eterna
dejándome
para seguir bebiendo
yo solo
sentado ahí
con el rostro del
cantinero cerca del
mío:
“ÚLTIMA RONDA!”
su carnoso rostro indiferente
de pacotilla bajo la luz
barata
después de mi último trago
salía hacia mi carro de diez años de edad
junto a la banqueta
subía
y manejaba siempre cuidadosamente
hacia mi cuarto
de alquiler
recordando el patio de la escuela
de nuevo,
durante el recreo,
me escogían al último
para el juego de beisbol,
el mismo sol brillando sobre mí
igual que sobre ellos,
luego oscurecía,
la mayoría de la gente del mundo
reunida;
mi cigarrillo colgante,
y yo escuchaba el sonido
del motor.
(*) N. del T. Jano. Dios de dos caras que veía el pasado y el porvenir.
Charles Bukowski
Abril 20, 2009 a 3:26 pm (General, Literatura)
Tags: Cuando seas vieja, cultura, Literatura, Plegaria para la vejez, poema, Poesía, Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos, William Butler Yeats, Yeats
Aunque las hojas sean muchas, la raíz es sólo una.
A través de los mentirosos días de mi juventud
mecí al sol mis hojas y mis flores.
Ahora puedo marchitarme en la verdad.
CUANDO SEAS VIEJA
Cuando estés vieja y gris y soñolienta
y cabeceando ante la chimenea, toma este libro,
léelo lentamente y sueña con la suave mirada
y las sombras profundas que antes tenían tus ojos.
Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia
y con falso amor o de verdad amaron tu belleza,
pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina
y amó los sufrimientos de tu cambiante cara.
E inclinada ante las relumbrantes brasas
murmulla, un poco triste, cómo escapó el amor
y anduvo en las cimas de las altas montañas
Y entre un montón de estrellas ocultó su rostro
TUS OJOS QUE ANTAÑO NUNCA SE CANSARON DE LOS MÍOS…
“Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina”.
Y responde ella:
“Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!”.
Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
“La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones”.
Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.
“No te lamentes”, dijo él, “que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
Nuestras almas son amor y un continuo adiós”.
PLEGARIA PARA LA VEJEZ
Dios me guarde de aquellos humanos pensamientos
que en la mente están solos;
aquel que canta una canción durable
la siente en lo más hondo.
De cuando a un viejo le convierte en sabio,
alabado por todos;
Ah, ¿quién soy yo que nunca pareciera,
por mi canción un loco?
Rezo – pues las palabras vacías ya se fueron
y la plegaria ha vuelto sólo-
para que pueda parecer, aún cuando viejo muera,
un hombre apasionado, loco.
William Butler Yeats
Marzo 31, 2009 a 11:36 am (General, Literatura)
Tags: cultura, José de Espronceda, la canción del pirata, Literatura, poema, Poesía
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:
Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de “¡barco viene!”
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
José De Espronceda
Marzo 30, 2009 a 2:10 pm (General, Literatura)
Tags: Balaklava, cultura, Guerra de Crimea, La carga de la brigada Ligera, Literatura, Lord Alfred Tennyson, poema, Poesía, Tennyson
“Media legua, media legua,
Media legua ante ellos.
Por el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.
En el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
¿Algún hombre desfallecido?
No, aunque los soldados supieran
Que era un desatino.
No estaban allí para replicar.
No estaban allí para razonar,
No estaban sino para vencer o morir.
En el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones ante sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Cabalgaron con audacia,
Hacia las fauces de la Muerte,
Hacia la boca del Infierno
Cabalgaron los seiscientos.
Brillaron sus sables desnudos,
Destellaron al girar en el aire,
Para golpear a los artilleros,
Cargando contra un ejército,
Que asombró al mundo entero:
Zambulléndose en el humo de las baterías
Cruzaron las líneas;
Cosacos y rusos
Retrocedieron ante el tajo de los sables
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no
No los seiscientos.
Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones detrás de sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Mientras caballo y héroe caían,
Los que tan bien habían luchado
Entre las fauces de la Muerte
Volvieron de la boca del Infierno,
Todo lo que de ellos quedó,
Lo que quedó de los seiscientos.
¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
A los nobles seiscientos!”
Lord Alfred Tennyson