INMORTALES

    

 
PASATIEMPO

 

Cuando éramos niños

los viejos tenían como treinta

un charco era un océano

la muerte lisa y llana

no existía.

 

Luego cuando muchachos

los viejos eran gente de cuarenta

un estanque un océano

la muerte solamente

una palabra.

 

Ya cuando nos casamos

los ancianos estaban en cincuenta

un lago era un océano

la muerte era la muerte

de los otros.

 

Ahora veteranos

ya le dimos alcance a la verdad

el océano es por fin el océano

pero la muerte empieza a ser

la nuestra.

 

Mario Benedetti

LA HISTORIA DE UN SUFRIDO HIJO DE PUTA

Una noche llegó piel y huesos a mi puerta, mojado apaleado
temeroso
era un gato blanco bizco rabón
lo dejé entrar lo alimenté fue uno más en la casa
desarrolló hacia mí cierta cariñosa confianza
hasta que un buen día un conocido,
estacionando en mi cochera
pasó con su auto por encima del gato blanco bizco rabón
de inmediato llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo:
“no hay mucho para hacer, dale estas pastillas, su espinazo
está aplastado, pero fue aplastado anteriormente y de algún modo
logró sanar, si sobrevive no volverá a caminar, mirá
estas radiografías, le metieron un escopetazo,
mirá estos puntos oscuros
son perdigones enquistados, además, alguna vez tuvo una cola
y alguien se la cortó”.
me llevé el gato a casa, era un verano caliente, uno
de los más calientes en décadas, puse al gato en el piso del baño,
le serví agua, sus pastillas, no deseaba comer ni beber agua,
yo sumergía mi dedo en el agua, le humedecía la boca el hocico
y le hablaba, ese verano no fui a ningún lado, pasé muchos días
de ese verano en el baño hablándole, acariciándolo suavemente,
él me miraba con esos ojos que se le entrecruzaban
mientras tanto pasaban los días,
una tarde realizó su primer movimiento
arrastrándose con sus patas delanteras
(las traseras no querían moverse)
llegó hasta el rincón donde yo había preparado su cama
se arrastró un poco más y se dejo caer en ella,
fue para mí como el sonido de un clarín presagiando la victoria posible
aturdiendo el baño, desparramándose por la ciudad, yo
le conté entonces a ese gato, que la había pasado mal también, no tan mal,
pero bastante mal.
Una mañana se irguió, se paró sobre sus patas, cayendo luego de espaldas,
me observaba mansamente.
“lo podés hacer” le dije.
Él insistió, se levantaba y volvía a caer, una y otra vez,
finalmente
caminó unos pocos pasos, era la viva imagen de un borracho
sus patas se negaban a obedecerle, cayó nuevamente, descansó
y nuevamente se levantó.
Ustedes conocen el resto de la historia: está mejor que nunca,
bizco casi sin dientes, pero ha recuperado su gracia, y esa mirada
de sus ojos, pícara, no lo ha abandonado.

algunas veces me hacen entrevistas, ellos desean saber
de mi vida, de mi literatura,
yo me emborracho, alzo en brazos a mi gato
bizco, herido de bala, atropellado dos veces, rabón
y digo: “miren, miren esto!!!”

Ellos no entienden nada, insisto, nada de nada, preguntan
algo por el estilo de: “reconoce usted influencias de Celine?”
“no”, levanto mi gato, “por lo que sucede, con cosas
como ésta, como ésta !!!”.

Sacudo a mi gato, lo llevo
hacia la luz brumosa por el humo y el alcohol, está relajado, él sabe.

Este es el momento en que la entrevista finaliza
a veces me siento orgulloso cuando miro las fotografías
ahí estoy yo, ahí está mi gato, hemos sido
retratados juntos
él también comprende que son boludeces, pero que de alguna manera te ayudan.

Charles Bukowski

LA SUERTE NO ERA PARA MÍ

Siendo medianamente joven me sentaba en los bares
poniéndome hasta las orejas
pensando en algo que pudiera
sucederme, quiero decir, intentaba con las damas:
“oye, muñeca, escucha, los vendedores ambulantes
lloran por tu belleza…”
o algo así.

ellas nunca volteaban, miraban hacia el
frente, justo hacia el frente,
aburridas.

“oye, muñeca, escucha, soy un
genio, ja, ja…”

calladas frente al espejo del bar, estas
mágicas criaturas, estas sirenas secretas,
de grandes piernas, estallando desde sus
vestidos, usando brillantes tacones como
dagas, pendientes, bocas de fresa,
sentadas ahí, sentadas ahí,
sentadas ahí.

una de ellas me dijo: “me
aburres.”

“no, muñeca, estás
atrasada…”

“oh, cállate…”

entonces entraba el galán, algún tipo
pulcro con traje, bigote de lápiz, corbata de moño;
delgado, ligero, musical, delicado
y tan sabihondo
y todas las damas comenzaban a llamarlo
por su nombre: “oh, Murray, Murray”
o algo así.

“qué tal, muchachas!”

siempre supe que podía derribar a uno de esos
jodidos pero eso difícilmente hubiese tenido relevancia
entre la suma total de cosas,
las damas simplemente se reunían alrededor de Murray
(o algo así) y continuaban ordenando
bebidas,
compartiendo la música de la sinfonola
y escuchando la risa de sus
bromas privadas
que yo difícilmente
podía
oir.

yo me preguntaba cuántas cosas maravillosas
me estaba perdiendo, el secreto de la
magia, algo que ellos conocían,
y me sentí otra vez como el idiota en el
patio de la escuela, a veces un hombre nunca sale
de ahí -queda marcado, uno se da cuenta con un
simple vistazo

y así
me excluían,
“soy el rostro perdido de
Jano,” (*) pude haber dicho en algún
momento de silencio.
para ser,
por supuesto
ignorado.

ellos enfilaban
hacia sus carros en el estacionamiento trasero
fumando
riendo
para alejarse
hacia una consumada
victoria eterna

dejándome
para seguir bebiendo
yo solo
sentado ahí
con el rostro del
cantinero cerca del
mío:

“ÚLTIMA RONDA!”

su carnoso rostro indiferente
de pacotilla bajo la luz
barata

después de mi último trago
salía hacia mi carro de diez años de edad
junto a la banqueta
subía
y manejaba siempre cuidadosamente
hacia mi cuarto
de alquiler

recordando el patio de la escuela
de nuevo,
durante el recreo,
me escogían al último
para el juego de beisbol,
el mismo sol brillando sobre mí
igual que sobre ellos,
luego oscurecía,
la mayoría de la gente del mundo
reunida;
mi cigarrillo colgante,
y yo escuchaba el sonido
del motor. 
  
  
 (*) N. del T. Jano. Dios de dos caras que veía el pasado y el porvenir.

 Charles Bukowski

UN BARÇA DE LEYENDA

Los futboleros somos capaces de acariciar el cielo, la felicidad, sin movernos del sofá. Y no veo por qué debemos demonizar ese sencillo atajo…

¿Por qué tenemos que avergonzarnos?

¡Sócrates lo aprobaría! ¡Dios lo aprobará!

Ese atajo no siempre es cómodo, no creas, perdido lector de blogs, de hecho cuánto más fatigoso es el camino, más felices nos hace. A veces hay que sudar sangre, sufrir como un condenado a las galeras, gritar palabras que avergonzarían a una madre, liberar lágrimas de rabia e impotencia, derramar algo de cerveza, enzarzarse contra gigantes invisibles que quieren aplastar nuestras ilusiones…

Pero si después de todo eso, aún estás vivo…

 

¿Sabes a qué viene toda esta perorata?

Anoche se vivió un éxtasis de euforia y alegría en muchas casas y bares del mundo. El Barça empató en el minuto 93 un partido agónico, y superó una eliminatoria que parecía perdida. Semifinales de la Champions, nada más y nada menos. La competición por clubs más importante y más prestigiosa del planeta. La pesadilla del Real Madrid el sábado pasado, los verdugos con pañuelo de seda que ahorcaron a los blancos con el ya mítico 2-6, esos dignos sucesores del Dream Team de Johan Cruyff, eligieron otro gran escenario para regalarnos unas imágenes arrebatadoras, unos segundos que los buenos gourmets del balón, apreciaremos el resto de nuestras vidas. Stamford Bridge. Hasta entonces, sólo un equipo mimaba al público, sólo los jugadores más pequeños en estatura, salieron sin miedo, a cara descubierta, dispuestos a luchar noblemente, de poder a poder, con los puños y la barbilla en alto. Así despejaremos la incógnita, así encontraremos al mejor, al más justo finalista.

A pesar de conocer de antemano la franqueza de su adversario, el Chelsea se agazapó como los cobardes. Dirán que el árbitro los perjudicó, que fue un robo…

Pero los ladrones fueron ellos, que nos robaron el fútbol. Faltaban 15 minutos y cambiaron a Drogba por Belleti. Un delantero, por un defensa, no es una anécdota, jugaban contra 10. Un club que ha gastado cientos de millones de euros en relumbrantes estrellas, abocado a ser uno más. Buscando el triunfo de Grecia. Gloria sin honor. La victoria de los perdedores. El premio sin memoria. Cuando se aspira a la excelencia, hay que cruzar el despeñadero de la leyenda. Sólo los que buscan la perfección de la belleza son recordados. Los innovadores, los descubridores, los aventureros, los artistas, los soñadores…

A lo largo de la historia del fútbol, muchos equipos ganaron títulos, pero sólo unos pocos ocupan el santuario del buen aficionado, y no siempre levantaron los trofeos, dedicaron sus esfuerzos a cimentar sus principios, huyeron del rácano sueño de ganar por ganar, y optaron por el más difícil todavía. Optaron por ser fieles a ellos mismos…

Provocaron desmayos, detuvieron ciudades, países, mostraron que no todas las victorias son iguales, que la belleza no es una palabra, es una emoción, que la estética es una obligación, que sólo encontramos pureza y virtuosismo en la construcción, en la creación, en la obra, no en la destrucción…

Encontraron el tesoro. Y en el océano futbolístico, en ese mar enfurecido del profesionalismo sin compasión, navegan juntos en un velero pirata. Su bandera es el buen gusto. Y las velas, el placer que proporcionaron a la gente…

Recordamos a la Hungría que ganó en Wembley, a pesar de caer en la final del Mundial, por Puskas, Kubala, Kocsis, Czibor, cuatro años sin derrotas y una técnica que destrozaba defensas…

Brasil del 70 ganó el Mundial, igual que Italia en el 82, pero, ¿Qué aficionado en su sano juicio, se decantará por un partido de los segundos, cuando podamos disfrutar de Pelé y compañía, en algún estadio que construyan los ángeles sobre las nubes?

¡Ni siendo italiano!

Holanda 74 cambió el fútbol. Aquel mundial, se recordará por la naranja mecánica, será el mundial de Johan Cruyff. Sí, ganó Alemania, y disfrutamos de Beckenbauer, pero…

Los dioses tocaron con su varita a los tulipanes, y éstos nos hicieron disfrutar tanto…

El Real Madrid de Di Stéfanó maravilló a Europa, dominó con autoridad, dejó en las retinas de los seguidores partidos memorables, jugadas excelsas que aún evocan los más viejos…

El Dream Team, aquel equipo imperfecto, valiente y exquisito, enamoró a una generación. A la mía. Podría decir sin ruborizarme, que sus jugadores no se cansaron de dibujar sonrisas en mi cara. Esta vez no eran videos, podía palpar, vivir cada instante del sueño. Claro que hubo decepciones, por supuesto, pero sólo sirvieron para valorar aún más las victorias.

En esas vitrinas está el Milán de Arrigo Sacchi, el de Van Basten y Gullit, el Barça de Rijkaard, con Ronaldinho asombrando al universo, el Manchester de la desgracia, el gran Torino, de idéntico desenlace, la Argentina del 86, encabezada por el mismísimo Dios, la Brasil del 82, la España que ganó la Eurocopa deslumbrando a propios y extraños…

 

Anoche, el eterno dilema futbolístico libraba otra batalla. Belleza contra eficacia. Como si fueran antagónicos…

El Barça abanderaba la belleza, el encanto del buen fútbol, y el Chelsea apretaba los dientes, preparado para carcomer las acometidas de los culés. Y durante 92 minutos lo consiguieron. El plan era perfecto, sin deslices, sin pifias, sin equivocaciones. Pura matemática.

Sin embargo…

Nadie contaba con la genialidad…

Messi recogió el balón en la frontal del área, tras un fallo de Essien en el despeje, y el esférico buscó a San Andrés. A quien mejor le trata, a quien más le quiere. Que puso una X en el marcador, una cruz en forma de aspa. Un justo final…

Se despejaba la incógnita…

Todos disparamos con Iniesta, ese balón salió impulsado por la fuerza de millones de culés, y no paró hasta que encontró la red que atrapa la gloria. Fueron segundos embriagadores y efervescentes, un salto olímpico y brazos al aire, pulmones que se hinchan para poder gritar gol. El maestro de Fuentealvilla se despojaba de su camiseta tras marcar, y corría hacia el córner perseguido por sus compañeros, y por las miradas llorosas, extasiadas e incrédulas, de aficionados blaugranas que se frotaban los ojos, incapaces de creer en el milagro que acababan de contemplar. Será un apóstol…

Pero ni Dios lo hubiera hecho mejor…

Se nos vino a la memoria Kaiserlautern, el cabezazo de Bakero que hizo posible la primera Copa de Europa. Se nos vino a la memoria el triplete. Aún es posible. La historia espera a este equipo, pero lo que es más importante, se ve una estela dibujada en la mar, la que deja un barco ahora conocido…

¿Alcanzará algún día el Barça de Guardiola al barco de los elegidos?

Está cerca. La niebla no permite ver el horizonte, pero si te concentras, si te quedas en silencio unos segundos, oyes crujir las entrañas del barco pirata. Y además, estos marineros no lo van a abordar, serán respetuosos con la ley del mar. No buscan su tesoro, quieren compartir la gloria, el honor. Nada de saqueos esta vez. Son humildes e inteligentes. Harán el transbordo en un puente de plata, con balaustradas de diamante, y saludarán al capitán, admirados y respetuosos.

Yo me los imagino cruzando por ese puente de plata, y no dando saltos. Porque quién sabe…

¿No serán los propios piratas los que los estaban buscando? ¿Los que necesitaban refuerzos? ¿No será que los estaban esperando? ¿No será que todos ellos quieren probarse contra este equipo?

EL MUNDO SE HA VUELTO LOCO 3

Si yo fuera…

Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad, dimitía, y proponía a Michael Jackson para el cargo…

Siempre se dijo que era un adelantado a su tiempo, y ahora lo vemos claro. Lleva años comprando mascarillas…

¡Y nosotros sin hacerle caso! ¡Riéndonos de él! ¡Que nos parta un rayo!

Si yo fuera…

Carla Bruni, me buscaría otro novio más alto y más discreto…

Y de nombre Benedicto…

¿Se puede llegar más alto? ¿La ambición rubia era modesta a su lado?

Menuda castaña…

Si yo fuera…

Mario Benedetti, leería mis poemas a las enfermeras del hospital en el que estoy ingresado, nadie puede morir leyendo poesía, Dios no tendría perdón…

Y quién sabe…

Ejem, ejem…

88 años no son ná. Llegado el caso, un último esfuerzo puede merecer la pena…

¡Si hay que morir, qué mejor forma!

Si yo fuera…

Messi…

Esta noche no metía un Hat-Trick como Raúl, ¡Metía 6!

A ver la portada del Marca, seguro que para su director la noticia del día sería, la nueva y extraña lesión del resistente Robben…

¡O que el Madrid ya ha fichado a Kaká!

Otra vez…

Qué cosas…

Si yo fuera…

Iniesta…

Esta noche ingeniaba el show más grande de la historia. El mayor espectáculo del mundo conocido. Arte puro. Ballet en un coliseo engalanado. Sinfonías clásicas nunca oídas. Cine de John Ford. Esculturas de defensas caídos en el suelo. Pinturas de Goya, ingleses fusilados por españoles…

Si yo fuera…

Astronauta, estaría relamiéndome…

¡Parece que volvemos a la luna!

¿Volvemos?

¿Orion no era un coche? ¿Por qué las naves no pueden tener nombres normales?

¿No sería chulo decir que viajas a Marte en la Teodoro Molinero?

Si yo fuera…

Adicto a las dietas, metrosexual o vegetariano, cambiaría de principios…

¡Resulta que ahora comer grasas es bueno para la memoria!

A largo plazo, eso sí, si no recuerdas dónde has dejado las llaves esta mañana, no le eches la culpa al cerdo…

Ni a tu marido…

Si yo fuera…

Ecologista, creería a pies juntillas al Ministerio de Defensa británico…

Se han producido repetidas fugas radiactivas en su flota de submarinos nucleares. Pero no ahora, en los últimos años…

Y claro, no han puesto en riesgo el ecosistema, ni la salud humana…

¡Estaría bueno! ¡Vivan los políticos!

¡Que vaya el monstruo de Fraga a bañarse en esas aguas escocesas!

POEMAS DE YEATS

 Aunque las hojas sean muchas, la raíz es sólo una.
A través de los mentirosos días de mi juventud
mecí al sol mis hojas y mis flores.
Ahora puedo marchitarme en la verdad.

 

CUANDO SEAS VIEJA

 

Cuando estés vieja y gris y soñolienta
y cabeceando ante la chimenea, toma este libro,
léelo lentamente y sueña con la suave mirada
y las sombras profundas que antes tenían tus ojos.

Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia
y con falso amor o de verdad amaron tu belleza,
pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina
y amó los sufrimientos de tu cambiante cara.

E inclinada ante las relumbrantes brasas
murmulla, un poco triste, cómo escapó el amor
y anduvo en las cimas de las altas montañas

Y entre un montón de estrellas ocultó su rostro

 

TUS OJOS QUE ANTAÑO NUNCA SE CANSARON DE LOS MÍOS…

 

“Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina”.

 

Y responde ella:
“Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!”.

 

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
“La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones”.

 

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño;  y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.

 

“No te lamentes”, dijo él, “que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,

Nuestras almas son amor y un continuo adiós”.

 

PLEGARIA PARA LA VEJEZ

 

Dios me guarde de aquellos humanos pensamientos
que en la mente están solos;
aquel que canta una canción durable
la siente en lo más hondo.

 

De cuando a un viejo le convierte en sabio,
alabado por todos;
Ah, ¿quién soy yo que nunca pareciera,
por mi canción un loco?

 

Rezo – pues las palabras vacías ya se fueron
y la plegaria ha vuelto sólo-
para que pueda parecer, aún cuando viejo muera,
un hombre apasionado, loco.

 

William Butler Yeats

LA CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de “¡barco viene!”
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

 

José De Espronceda

 

 

LA CARGA DE LA BRIGADA LIGERA

“Media legua, media legua,

Media legua ante ellos.

Por el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

 

“¡Adelante, Brigada Ligera!”

“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

 

“¡Adelante, Brigada Ligera!”

¿Algún hombre desfallecido?

No, aunque los soldados supieran

Que era un desatino.

No estaban allí para replicar.

No estaban allí para razonar,

No estaban sino para vencer o morir.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

 

Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones ante sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Cabalgaron con audacia,
Hacia las fauces de la Muerte,
Hacia la boca del Infierno
Cabalgaron los seiscientos.

Brillaron sus sables desnudos,
Destellaron al girar en el aire,
Para golpear a los artilleros,
Cargando contra un ejército,
Que asombró al mundo entero:
Zambulléndose en el humo de las baterías
Cruzaron las líneas;
Cosacos y rusos
Retrocedieron ante el tajo de los sables
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no
No los seiscientos.

Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones detrás de sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Mientras caballo y héroe caían,
Los que tan bien habían luchado
Entre las fauces de la Muerte
Volvieron de la boca del Infierno,
Todo lo que de ellos quedó,
Lo que quedó de los seiscientos.

¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
A los nobles seiscientos!”

 

Lord Alfred Tennyson

 

NO ES NADA DE TU CUERPO

No es nada de tu cuerpo
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento.

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.

Jaime Sabines

SÍNDROME

Todavía tengo casi todos mis dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.

Mario Benedetti

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